EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Pertenecen a su libertad

26/01/2020

Un maestro, al margen de su trabajo de instruir, tiene también la misión subrogada de educar y como ciudadano pensante no va a ocultar sus convicciones. En uso de su libertad de expresión puede comunicar sus ideas sobre sexualidad, política, ecología, etc. a los alumnos en edad de tener criterio y capacidad de respuesta, pero esto no puede hacerse ante niños que no tienen aún esas facultades y están encomendados a la tutela de sus padres.
Hoy se discute sobre la pertenencia de los hijos, a partir de unas declaraciones faltas de fondo y precisión de Celaá, cuya tesis negativa es que los hijos no son propiedad de los padres. ¿De quién son entonces, o son de nadie? Faltaría una respuesta positiva que la sacase de la indeterminación Al abdicar del obligado lenguaje inclusivo, estaba dejando estas dudas en el aire: ¿las hijas sí son propiedad de los padres? ¿Las madres quedan fuera de consideración? La respuesta la dio Mijail Bakunin hace un siglo: «Los niños no son propiedad de nadie; ni de sus padres ni de la sociedad en que viven. No pertenecen sino a la libertad que tendrán en el futuro».
Los límites entre la influencia familiar y la pública son difusos, dependiendo del grado de estatificación de la sociedad. En los regímenes dictatoriales tanto fascistas como comunistas hay una pertenencia de los jóvenes desde la infancia a la pedagogía y encuadramiento del Estado. Hubo ejemplos extremos como el del niño Pavlik Morozov, héroe de la URSS a sus trece años por haber denunciado a su padre como contrarrevolucionario. El Estado totalitario crea instituciones patrióticas como los Pioneros rusos, los Balillas fascistas o la Hitler Jugend nazi cuyos niños fanatizados morían ante los rusos en Berlín con el panzerfaust en la mano.
En cada hogar existe una moral tanto religiosa como civil heredada de los antepasados y que progresivamente lleva a la integración de los jóvenes desde la familia a la tribu. Pero cuando en la tribu la moral pública es corrupta, este paso es arduo. En el hogar se trabaja, se ahorra, se sacrifica, se planea… y duele tener un estado cuyo Gobierno es el camarote de los Marx ¿Sirve como modelo un farsante que miente, falsifica y despilfarra en su beneficio, en medio de una corrupción que empezó siendo económica y pasó a moral y hoy es intelectual?
Es revelador que todo empezase y gire ahora en torno a la sexualidad y la afectividad, que son el campo de batalla porque el Marxismo dialéctico ha sustituido la lucha de clases por la lucha de géneros, donde el enemigo a batir es el varón y la sociedad patriarcal que, serán un mito, pero lo sustenta una ley de género y tiene la rentabilidad de muchas estructuras y colectivos que se benefician de ello. Como los nazis intentaron formar una sociedad ideológica que estuviera por encima de la familia natural, los movimientos liberatorios propugnan hoy la sexualidad como electiva, el heteropatriarcado como opresor, el sexo anal como igualatorio, la concepción subrogada como humillante, la supremacía de la homosexualidad. En resumen, jerarquizar las opciones que habrían de ser libres y dictar su cumplimiento. Pero, volviendo al nudo de esta columna: ni a la familia ni al Estado, los hijos pertenecen a Internet.



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