EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Alboroque por Camilo

Muere Camilo Sesto ignorando que nos habría dado igual verlo con su rostro natural envejecido, calvo y decrépito. Que para admirarlo no era preciso vivir con la imagen de sus mejores momentos en los años 70, con ese forzado y ridículo rejuvenecimiento, sin asumir que lo importante no era su imagen, sino su actitud ante la vida y sus ganas de vivir y de hacer cosas.
Pero tanto la muerte como el perdón liberan a las personas de los actos erróneos del pasado. El perdón restringe la libertad de obrar del individuo, pero restaura y rehabilita frente a los demás. ‘Perdóname, perdóname’, insiste Camilo por otro motivo, a modo de auténtica confesión con sincero propósito de enmienda; «perdóname si no soy quien tú te mereces».
En nuestra cercana Murcia, aunque en desuso, el término alboroque se usa para celebrar en el bar más cercano el fallecimiento de cualquier vecino que, tras los sufrimientos propios de una enfermedad, pasa a mejor vida. Leo que «existen unos versos de Miguel Hernández, rememorando el alboroque de los difuntos a todas las personas que se acercaban a dar el pésame a los familiares de la persona fallecida, recibiendo una tarjeta en la que estaba escrito: tras el sepelio echaremos el alboroque en el Rincón de Pepe».
Se le ocurrió a Camilo Sesto morirse precisamente el día de la Virgen de los Llanos, así que tuvimos en Albacete la oportunidad de celebrar el alboroque por Camilo durante dos días. El primero con prolongado aperitivo y almuerzo posterior con brindis continuos y repaso de todos los temas históricos de Camilo en casa de mi tía Llanos, Llanitos. Y el segundo, lo mismo en casa de mi hermana Sofía, culminado con un buen plato de embutidos seleccionados y jamón perfectamente cortado en el redondel central de la Feria, antes de acudir a la Caseta de los Jardinillos a darlo todo en el ‘Festival Locos por la Música’, que contó con las actuaciones de grupos míticos como Revólver, Seguridad Social, La Guardia y Danza Invisible.
De manera que cv, reiterativa y convincente, aunque somos plenamente conscientes de que la despedida de Camilo Sesto y la de todos los que nos quedan por despedir, si no nos despiden antes a nosotros, se motiva en el fondo por el sentimiento de muerte de nuestros propios recuerdos de los momentos vividos y de nuestros sueños, apuntalando en la muerte de Camilo, y en cualquier muerte, nuestras propias identidades en la añoranza del pasado y la juventud perdida.
Seguimos, pues, con el alboroque inmenso que es la Feria de Albacete, y animamos a todos los castellanomanchegos a visitarla. Tiempo queda. Y perdónanos, Camilo, si no somos quien tú te mereces.


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