DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Mares morados

El verano es momento de contrastes. Un día estás frente al mar soñando lo que fue y lo que puede ser y a la tarde siguiente estás en un rastrojo divisando el atardecer con el olor a paja mojada. Un mediodía te estás metiendo unos garbanzos con morcilla en el Pinotxo del mercado de la Boquería y, a la misma hora, pero tan sólo un día después, le arreas bocados sin descanso al castellano torrezno en cualquiera de los establecimientos reseñados dentro de la ruta que honra a este manjar y que ha sido elaborada por los chicos de Senderismo Guada. Que cada sitio sea único es cosa tuya y, en ocasiones muy determinadas, también de la compañía.
Comprobado está que la belleza de los territorios no es proporcionalmente correspondida. No todos los rincones tienen las mismas oportunidades, aunque los argumentos para llamar al turista sean similares. Hay provincias y comarcas  cuyo esfuerzo tiene que ser mucho mayor que otras que nacieron bendecidas por la barita de administraciones, volcadas con atractivas ideas y también con infraestructuras. Y al igual que no es lo mismo estudiar en Madrid que en Cuenca, ni ponerse enfermo en Zamora que en Barcelona, en las cuestiones del turismo también encontramos evidentes desigualdades de trato, que provocan la masificación de ciertas zonas mientras otras tienen que hacer malabares para explotar este sector que tanto ha sujetado a la economía española durante los años más duros de la crisis.
Guadalajara es una de esas provincias con potencial suficiente para ser referente del turismo medioambiental. Tres parques naturales como reclamo -el de la Sierra Norte con su Hayedo de Tejera Negra, el Alto Tajo y el Río Dulce-, construcciones únicas de pizarra y pueblos que no tienen nada que envidiar a ningún otro como Sigüenza, Pastrana o Molina de Aragón. Que no hayan ido a más lo tendrán que explicar los que de una u otra forma han tenido responsabilidad. Que podían haber ido a mucho menos es el consuelo de los necios. Entre esos pueblos que siempre he pensado que merecían mucho más se encuentra Brihuega, el auténtico jardín de la Alcarria que se ha convertido desde hace años en un referente del cultivo de la lavanda. Sus mares morados y los campos floridos impregnando de aromas todas las alcarrias han servido para atraer a miles de visitantes que quieren disfrutar de este regalo de la naturaleza.
En Brihuega, los promotores del concierto de la lavanda -liderado por los propios agricultores- dieron con la tecla hace ya nueve años. A un atractivo natural le añadieron un espectáculo con artistas de primer nivel que ha permitido una difusión sin precedentes en esta provincia. Vayas por donde vayas, saben que en Guadalajara hay un pueblo en el que se puede disfrutar de una explosión de colores y olores durante una época determinada del año. Y, de momento, la administración sí ha sabido canalizar esta oportunidad.
El cultivo de la lavanda y de las aromáticas no se limita a Brihuega. Tampoco es ni de ayer ni de antes de ayer. Agricultores de toda la provincia hace ya mucho tiempo que vieron en esta planta una alternativa más rentable al cereal. Y esos mares morados se han ido extendiendo por todas las guadalajaras. Como todo esfuerzo es bienvenido para sumar turistas, el año pasado se estrenó el concierto de Los Aromas en Almadrones que, con el morado de fondo, tuvo un fin solidario en su origen que se mantiene y que va dirigido a la Fundación NIPACE. Por tanto, este fin de semana hay una doble oferta; y no hay excusas.