OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Gafas de sol

Ando decidiendo a qué partido político regalo mi voto. Sé es que se trata literalmente de eso, un «regalo» que no tendrá contrapartida alguna. Lo reciba quien lo reciba, se lo quedará en propiedad 4 años y no percibiré en este tiempo señal alguna que me permita sentirme compensado. Los hasta el domingo humildes pedidores de votos, una vez que los tengan, subidos en sus coches —o aviones— oficiales, agarrados a los iPhones, iPads o iMacs pagados por todos nosotros, escondidos tras sus gafas de sol, consumirán sin control un dinero y recursos que, como no son de ellos, no lamentarán derrochar. Sentado ante mi ordenador, el que yo mismo compré con mi esfuerzo, escribo estas líneas y añoro a los políticos de mi juventud. Su talante, su cercanía real a los problemas de mi tierra, su afán por no consumir bienes públicos sin sentido, su rechazo a cobrar sueldos públicos por sus tareas políticas, su preocupación por no endeudar a la tierra ni al pueblo que representaban… ¡Historias del pasado! Hoy, veo líderes nacionales, con pocos pros e infinitos contras, teniendo a sus espaldas, en nuestras ciudades, física e ideológicamente a legiones de ineptos, oportunistas, gandules, demagogos, frustrados, derrochadores, mezquinos, incultos, prepotentes, ridículos, trepas, incompetentes, ruines… —corto aquí; lamentablemente no cuento con todo el espacio que necesitaría para describir a una parte de ellos— que se acercan a mí, a nosotros, para pedir nuestro apoyo. Sé que aun quedan honrados, capaces, trabajadores… que se dedican a la política, pero son los menos y no brillan con luz propia. Prometo dar mi voto a aquel que, no estando incluido en los colectivos anteriores, mirándome a los ojos fijamente me transmita con su mirada que puedo confiar en él. Nota: odio que me miren a los ojos teniendo puestas unas gafas de sol.


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