RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Elogio de la política

21/03/2021

En medio del deprimente teatro de la política, un alcalde, Ignacio Urquizu (Alcañiz, 1978), ha publicado en un periódico nacional un artículo sobre el malestar de la ciudadanía, y sobre las reformas necesarias para corregir ese creciente estado de ánimo, que me ha impulsado a comentarlo, bajo el título, inspirado en Erasmo de Rotterdam, elogio de la política. 
Ignacio Urquizu, alcalde de Alcañiz, desde las últimas elecciones municipales, es profesor de sociología, habiéndose formado en las mejores universidades europeas y norteamericanas, y fue parlamentario socialista en las dos Cámaras de las Cortes Generales. A causa de que Ignacio Urquizu tiene criterio propio, y que intervenía libremente en debates parlamentarios y en medios de comunicación (también, escribiendo artículos y libros), como tantos otros, y en todos los partidos políticos, fue excluido por su partido -es mi punto de vista- de las candidaturas en las últimas elecciones generales. 
Consecuencias de la ley de bronce de la partidocracia: cuanto mayor sea el número de partidos políticos presentes en las instituciones representativas, será menor, en proporción, el pluralismo interno de cada uno de los partidos presentes en ellas. 
Como Ignacio Urquizu tiene vocación política -el beruf luterano y weberiano-, este sociólogo que se implica moralmente con la sociedad de su tiempo, se comprometió con su ciudad de nacimiento, y así resultó elegido alcalde de Alcañiz. 
Erasmo de Rotterdam tituló Elogio de la locura, su libro más famoso, para criticar la irresponsabilidad, el fanatismo y la estupidez de la clase dirigente de su tiempo, que podría servir para describir y entender la de nuestros días. Mi elogio de la política pretende todo lo contrario, resalta la virtud ciudadana del pensamiento y la gestión de un alcalde de la España rural, comprometido con los ideales de la democracia representativa y el cosmopolitismo europeísta. 
Ignacio Urquizu nos propone cinco puntos en su análisis de nuestros problemas nacionales y sus posibles soluciones. Parte de que la pandemia que estamos padeciendo, en lugar de haber estimulado la lógica “unión hace la fuerza”, ha agudizado los males morales y políticos que venían de atrás. La primera lección -escribe Urquizu- es que una tragedia humana no es una vacuna contra patologías políticas como el populismo o el oportunismo. De hecho, en muchos espacios políticos han aumentado, ahondando en nuestra crisis política. En la última semana hemos visto mociones de censura, adelantos electorales, abandono de una vicepresidencia para encabezar una lista electoral… Todo ello sólo se explica desde los motivos de los políticos, pero no de la ciudadanía. 
Que lo escriba un político nacido el año de aprobación de nuestra Constitución, renueva mi confianza en el futuro de España: hay capital político. Pero atención: mi confianza no procede del hecho que Ignacio Urquizu pertenezca a mi partido, sino porque siendo socialista, Urquizu piensa y actúa con criterios propios, y además -y lo afirmo, porque he tenido la fortuna de hablar con él de estos principios- su libertad como representante electo está articulada con otro principio de actuación: en caso de duda (sobre lo que hay que hacer políticamente), habrá que ir siempre a los principios. 
Ir a los principios significa, obviamente, respetar la letra y el espíritu de las leyes, y en primer lugar, de la Constitución de 1978. Pero también son principios necesarios, no mentir cuando te diriges al público (el demos); asumir que el control del poder es imprescindible para vivir en una democracia avanzada; negarse radicalmente a participar en sobornos, calumnias y corrupciones; creer firmemente que la oposición debe ser respetada en su crítica a la mayoría y al gobierno; creer firmemente que el que gobierna merece el mismo respeto…
La regeneración que reclamaban los nuevos partidos prometían esas medidas, pero Ignacio Urquizu escribe en su artículo: Además, toda aspiración regeneracionista que venía de la nueva política ha quedado sepultada. Las nuevas formaciones han sido la fuente de inestabilidad en estos días.
Ignacio Urquizu señala que los alcaldes, y en general los políticos municipalistas, porque son cercanos, no están sojuzgados por los mandos partidarios. Yo añado: porque la cercanía exige y respeta el pluralismo. A partir de la cercanía, Ignacio plantea naturalmente mejorar la gestión económica pública, poniendo fin a que los ayuntamientos sean la cenicienta del Estado, y finalmente, Urquizu ha visto que la pandemia nos ha revelado las deficiencias del modelo autonómico. Él propone la reforma del título constitucional referido a las Comunidades Autónomas, y yo insisto que la clave de esa necesaria reforma pasa por hacer del Senado el cauce de participación de las Autonomías en tareas estatales, poniendo fin a la anormal participación de los partidos políticos en las mismas.