EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Famosillos y petardas

21/09/2020

Después de un bárbaro atentado y bajo la presidencia de Rodríguez, España tomó el rumbo de un deterioro en todos los órdenes. En apariencia, el presidente, por su insensatez e incompetencia, era la causa de esta descomposición, pero yo he creído que realmente era un efecto. Es decir, que el estado de ruina de la sociedad era lo que había provocado el surgimiento de tal espécimen. Esto que digo es la aplicación del axioma de que un pueblo tiene el gobierno que merece o, dicho en el caso más desfavorable, un país de tontos para estar bien representado ha de tener un gobierno de idiotas.
Los analistas sociales consideran hoy a la opinión pública escasamente  concienciada y muy poco actuante. ¿Cómo es posible que aquí no pase nada con la que está cayendo? Pueden robar, mentir, okupar, deshacer las fronteras, manipular la justicia, falsear las encuestas, fragmentar el país, tolerar un golpe de estado y hacer la peor gestión de la pandemia… y la gente, por cautividad o inadvertencia, sigue votando socialista.
Para anestesiar a la opinión pública, el poder ha de poner en marcha los mecanismos que la hagan acrítica y receptiva. El plan que constituye la base es tener el voto subvencionado, pues un país de funcionarios y jubilados no va arriesgar su pensión con la disidencia. También es decisivo regar de millones a los medios de comunicación para convertirlos en adictos. Lo que es de traca fue encomendar a la Guardia Civil «minimizar ese clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno». Hasta se ha montado la plataforma ‘Maldita’ para denunciar como fake-news las informaciones que se oponen a las mentiras oficiales.
Pero hay mecanismos de domesticación indirectos como los programas televisivos de idiotización que pueden ser Reality-Shows en donde se disfruta con la humillación de personajes públicos (Supervivientes) o la conducta  de jóvenes estabulados (Gran Hermano) presentando como sociológico lo que es un experimento morboso. Otros son llamados del corazón -dirigidos por cotillas que se tienen por profesionales del periodismo-, llenos de sensacionalismo y falsedad en donde se presentan amores, separaciones, embarazos, divorcios, muertes y enfermedades, sin mayor código deontológico que las cifras de audiencia. Un asesor legal de Telecinco me contaba que le consultaban el precio que pagaría Mediaset por una calumnia, un insulto, etc. para echar sus cuentas y calcular si era rentable lanzarlo. Otro punto denigrante es que los que intervienen cobran por contar sus miserias y hasta por que les insulten, invención que en 1977 aplicó Jesús Mariñas al programa Tómbola.
El gran éxito que tienen estos programas que exaltan a petardas y famosillos merece un análisis. Somos una masa de solitarios que intentamos integrarnos socialmente llenándonos de alteridades. Formamos una sociedad alienada que, por miedo o pereza a examinarnos a nosotros mismos y tomar decisiones personales estamos pendientes de la vida de los demás.
Realities y Shows no son pasatiempos inocentes sino un modo de hacernos crédulos a una realidad virtual y conformar unas mentes en donde tengan cabida las propuestas del poder.



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