CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


La vía Hong Kong era esto

Nada que no supiéramos con antelación. El presidente de la Generalitat, gobernante irresponsable donde los haya, ya había amenazado con un otoño caliente si la sentencia era condenatoria. La "vía Hong Kong" era esto. Todos los llamamientos de los líderes independentistas contribuían a crear las condiciones. "Sin absolución no hay solución", decían en ese apuñalamiento de la razón que consiste en confundir churras con merinas. 

¿Y quién ha dicho que las sentencias judiciales estén pensadas para arreglar o desarreglar las querellas políticas o territoriales? Es tan absurdo como arremeter contra la "judicialización" de la política, que en el fondo equivale a excluir a los políticos del reproche judicial ¿Pero no habíamos quedado en que todos somos iguales ante la ley, incluido el Código Penal? 
A lo que íbamos. Firmeza, proporcionalidad y cumplimiento de la ley. Es la receta del Gobierno, razonablemente concertada con los tres líderes de las principales fuerzas políticas, además del PSOE, frente a los partidos independentistas catalanes que, incluso desde la Generalitat, que es la representación del Estado en Cataluña, no se desmarcan de la violencia porque, de alguna manera, la han alentado en nombre de una causa perdida. 
Los activistas CDR y tsunamis están jugando con fuego. Nunca mejor dicho. La revolución de las sonrisas va a borrarse entre las llamas de la ira en el centro de Barcelona, mientras sus pigmaliones políticos relacionan las llamadas a la confrontación con la defensa de la democracia y los derechos de una Cataluña herida por un Estado vengativo. 
Ya, pero esta vez la opinión pública ha visto en directo la cara más salvaje del pacifismo, las agresiones contra quienes exhibían una bandera nacional y a una señora lamentando entre lágrimas la violación de su derecho a la movilidad. 
"¡Esta gente no tiene corazón!", decía ante las cámaras en referencia al vandalismo de quienes no le permitieron acceder a la terminal del aeropuerto barcelonés. Y desde el martes pasado en Francia, por ejemplo, ya saben que uno de sus compatriotas murió de un infarto porque la ambulancia que lo llevaba quedó bloqueada por el activismo de los "indepes". 
Las imágenes lo dicen todo. Las manifestaciones, las marchas, los cortes de carretera, la quema de contenedores, el bloqueo del aeropuerto, las pacifistas barricadas de fuego en vías urbanas. En fin, todo lo que estos días los muy movilizados activistas de la causa han hecho para inmovilizar a miles de ciudadanos de la Cataluña que quieren tener la fiesta en paz, reclaman su derecho a la movilidad y sufren en silencio la gravísima degradación de la convivencia en este maravilloso rincón de la España plural