RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Un asunto muy menor

Les voy a contar una cosa que seguramente no sepan y que probablemente les de igual. Resulta que para conseguir la nacionalidad española hace falta reunir una serie de requisitos, plasmarlos en copias compulsadas, subirlos a una plataforma, a menudo con ayuda de un abogado. Hay que gastar unos cuantos cientos de euros en traducciones, sellos, exámenes y gestiones. Un tostón. Una vez pasado el proceso, solo queda esperar. Los tiempos del trámite son un juego de azar. Hay gente -unos pocos afortunados- a los que tardan unos cuantos meses en responder. La mayoría espera años, bastantes años. Incluso muchísimos años.
Como digo, es una lotería y no depende demasiado del expediente en cuestión, sino de inescrutables asuntos de burocracia que nadie se digna a explicar. Tampoco hay a quién preguntar. Muy de vez en cuando, Inmigración da explicaciones en una rueda de prensa. No es que suceda a diario, pero cuando pasa dicen que tienen muy pocos funcionarios haciendo eso, que se comprometen a agilizarlo... Que paciencia y que gracias por venir. A mí me parece un escándalo porque lo he sufrido de cerca. Estoy convencido de que, de no ser así, no le habría prestado atención.
A lo que iba: según los últimos datos, uno de cada siete empadronados ha nacido ya en el extranjero. Si las cosas no cambian mucho, pronto viviremos en un país en el que mucha, mucha gente, ha sentido esta indefensión en carnes propias o en las de un familiar. Y a lo mejor no es buena idea. No digo más. Por cierto: cuando por fin se resuelve la solicitud de nacionalidad, el último paso es jurar lealtad a la Constitución, la bandera y el Rey. Más de lo que ha hecho por España la mitad de los que nacimos aquí.



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