LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Mystic River

El partido Tory no ha comprendido bien por qué les han apoyado los votantes, ni han resuelto sus dudas ideológicas y, además, se engañan si piensan que la Unión Europea les necesita más a ellos que a la inversa. Después de tres años de tortura es lógica la confusión, pero ahora Gran Bretaña tiene que empezar a caminar en una dirección firme.

Cuando se gobierna, todo lo que se aprendió en la oposición deja de tener valor. Ya no se pude pedir la Luna, exigir imposibles o responsabilizar a un ministro de cada acto que un subordinado ejecuta. El gobierno es el arte de decir que sí, permitir que una acción pública tenga consecuencias. La capacidad del no la tiene cualquiera, porque incluso el resultado nefasto de la pasividad no encuentra culpables.

La agenda económica del gobierno británico es puramente socialdemócrata. Su confianza en la regulación, la contratación masiva de funcionarios y la inversión pública como estímulo económico demuestra su deriva intelectual. En teoría, se suponía que el Brexit buscaba recuperar una soberanía perdida por el celo regulatorio europeo, promover una libertad empresarial y devolver el pulso vital a la sociedad civil.

Sin embargo, el partido da la sensación que lo único que les une es su desprecio a Europa. La negativa a vetar a Huawei y el rechazo americano a la extradición de Anne Sacoolas confirma que la fluida relación con Estados Unidos es una ilusión. El crecimiento del gasto público garantiza una sociedad adormecida y anestesiada hasta el nuevo colapso económico. Tampoco ayuda el suicidio industrial al adelantar la prohibición a los coches de combustión 5 años al 2.035; dicha medida castiga incluso a los vehículos híbridos que no contaminan en su opción eléctrica.

Un gobernante debe renunciar a los titulares y pensar en el bien común. Los avances graduales son más fructíferos y duraderos que los saltos al vacío. Los impuestos son recursos generados por el esfuerzo individual, fruto de una riqueza creada de la nada, y que deben de ser administrados con prudencia y precaución, ya que corres el riesgo de quedarte sin riqueza y recursos. En el fondo, gobernar es asumir que el mal menor, la crítica maliciosa del votante, forman parte de la acción de gobierno; solo el tiempo dictaminará la bondad de los actos. Boris se niega a asumir que gobernar consiste en tomar decisiones difíciles no en seguir las indicaciones de su gurú electoral; Dominic Cummings.



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