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Javier Santamarina

LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Mary Poppins

17/09/2021

La crudeza directa de la pandemia, su posible impacto en el sistema sanitario occidental y las consiguientes muertes que le acompañan están en franco retroceso. Es irrelevante si habrá una tercera dosis, porque lo importante es que el virus o el miedo a él nos acompañará en el futuro.

Durante esta pandemia, ha habido dos actores que no han estado muy inspirados: los políticos y los medios de comunicación. La clase política ha demostrado su aversión al riesgo y su gusto por el poder omnímodo. Ahora es posible que esto parezca injusto, pero en los próximos meses comprobaremos el efecto producido por la parálisis económica y el daño brutal que sufrirá la ciudadanía; pensemos que el incremento de la esperanza de vida es debido a la rapidez en prevenir el desarrollo de la enfermedad.

Los medios de comunicación, sector especialista en la autoflagelación, se han dedicado a transmitir un mensaje constante de miedo y pánico así como un uso del dato frío sin dotarlo de un contexto adecuado. Un guarismo no significa nada si no le acompaña una explicación profesional. Lo dicho es vital para juzgar si los efectos secundarios de una vacuna son menores que el beneficio para la sociedad, una excesiva transparencia nos puede hacer más vulnerables.

Vivimos en una sociedad donde la gente sólo quiere oír información que confirme sus ideas, porque ahora valoramos más nuestros sentimientos que la verdad objetiva. El resultado es que el fanatismo dogmático, con la cultura de la cancelación y el activismo de lo políticamente correcto repudia la diversidad intelectual. Cualquier valor, principio o dato está esperando a ser destrozado por un anónimo oponente en una red social.

No deja de ser irónico cómo el movimiento antivacunas ha caído en las mismas tácticas que critica, cuando es obvio que las vacunas funcionan. Ningún padre se cuestionó la de la polio en su momento, porque los efectos de la enfermedad eran visibles y dolorosos.

Ahora ya no importa la verdad, sino el relato. La retirada de Afganistán esperaba ser la victoria de la narrativa sobre el hecho. Algún gurú dijo que abandonar el país antes del 11 de septiembre sería una victoria política, un éxito mediático. Nadie pensó en las vidas perdidas, en los leales socios abandonados, en los países amigos y desde luego, nadie escuchó a ningún militar serio. Es el ocaso de los gabinetes de comunicación, aunque a Joe Biden le hiciesen presidente. Va a costar quitarnos la resaca.