PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Jacobino

04/09/2020

A los políticos el invento de las autonomías les ha venido muy bien. Cada uno cuenta la feria como le va en ella y ellos de esa solo pueden hablar maravillas pues les ha valido nada menos que para multiplicar los cargos y los enchufes por 17. Empezando por presidentes, que 17 tenemos y 17 parlamentos  que suman un total de 1.268 parlamentarios. Esos  por un lado y por el otro cuenten más de 250 consejeros, miles de directores general y decenas de miles de ‘altos cargos’ y otros tantos, o más, ‘asesores’.
O sea, una parva gigantesca y un pesebre de  tales dimensiones  que ahí hubiera querido ver yo a Hércules, y no en los de Augías,  intentando limpiarlo. En ese trabajo el héroe griego hubiera fracasado como condenado está cualquiera que tal cosa pretenda y hasta ose mentar siquiera. En lo de las autonomías no hay pelajes y acuerdo pleno. Antes muertos que dejarse arrebatar tal momio.
  Aceptado el mal como inevitable, en el fondo como los propios políticos, viene la pregunta. ¿Han servido, nos han mejorado , han resuelto problemas?. Ellos dirán a coro que si, que han sido maravillosas, que cercanía, que todo muy bonito. La gente me parece que tiene una idea un tanto diferente. Pero yo no hablo por nadie excepto por mí mismo y mi respuesta en lo esencial no puede ser más negativa. Un NO rotundo en cuanto a sus objetivos medulares. El nacionalismo se ha desbocado y pasado del autonomismo al separatismo y se ha desvertebrado España en 17 taifas. Que se apunten que por la labor autonómica se ha mejorado la calidad de vida, cuando se mejoraba, es otra milonga campera que no tiene un pase. España mejoro y progreso cuando toda España lo hizo y se pega el trastazo, como se lo está pegando ahora, al unísono. Vamos que siempre fui un tanto jacobino, pero ahora ya no me queda suda alguna de nunca debí ceder un ápice siquiera en ello.
El sistema autonómico supone, a mi humilde pero honrado parecer, el peor título, el VIII, de la Constitución Española y su peor fracaso. No ha traído, excepto en el apartado de colocar políticos y alcanzar una inflación inaudita de cargos beneficio alguno y si desastres varios. Los citados ya antes y que nos han desguazado el sentimiento colectivo como nación en todos los aspectos, desde la lengua hasta el agua, desde la educación a la historia compartida y hasta lo más concretos y actuales. Pongamos que hablo de la respuesta al coronavirus. ¿Alguien se atreve a defender que ha sido ‘mejor’ por el sistema autonómico o este ha tenido  que ver lo suyo mucho en el empeoramiento del desastre. Y conste que no resto con ello un ápice de responsabilidad al Gobierno central.
Lo peor de todo, resignado en lo íntimo a lo anterior, lo que ya, sin embargo, me niego a soportar es la última deriva. Y esa no es otra que la pretensión de enfrentar a los ciudadanos de una región con la vecina. Porque para descargarse las culpas y responsabilidades nada más fácil y testado, repulsivamante testado a lo largo de los tiempos, que echarle la culpa de los males al de al lado. Que además cuela, porque siempre cuela lo que apela a los más cortos y bajos instintos y que trasforman a los pueblos en populachos.
Nada más diré, porque me pierdo. Valdrá así al buen entendedor y tampoco queda  ya gana alguna siquiera de entrar en los vericuetos de este pantanal pestilente donde ya no hay sino palabrería, engaño y mentira. Donde quiera que mires sin importar costado, ni color, ni día. Si algo he comprendido ya del todo, me ha quedado demostrado en estos últimos meses y tengo ya impreso de manera definitiva es que a todos ellos, a toda esa parva, les importamos sencillamente un carajo. Lo único que les importa es lo ‘suyo’. Lo he dicho ya algunas veces y pienso seguir repitiéndolo. Donde me dejen y mientras me dejen.



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