TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Bares

02/06/2020

Yo, como muchos de vosotros, soy de bar. De los que se toman el primer café del día en el bar leyendo el periódico antes de empezar con la faena. Y después de muchos años he interrumpido mi rutina y me lo tomo en casa. Yo soy de bar, y en el almuerzo volvía a por los calamares, la tortilla, la panceta, o para charlar con amigos en torno a una mesa y un café. Yo soy de bar, y prefiero esperar a la mujer o al amigo en la barra del bar con un crianza y un aperitivo, que esperar de otra manera a veces me desespera. Yo soy de bar los días laborables, y los fines de semana también. Siempre que puedo el primer café es en el bar, hasta en vacaciones si puedo me escapo del hotel a una cafetería antes de que abran el restaurante. Sé que en la autovía de Valencia los veranos, en el área de servicio cercana al pueblo, la prensa llega a las 9.30 y tras comprarla la leo con un pincho de tortilla o una tostada, a veces con algún café más, para entretener el largo repaso a la actualidad que en la rutina diaria no puedo dar. Yo soy de bar, ese lugar entrañable en el que suele haber restaurante, terraza, u otro espacio en el que compartir mantel con esos amigos o pandillas que se reúnen de vez en cuando para pasar un buen rato y actualizar la amistad, algo imprescindible para la salud del hombre. Siempre la buena mesa suele dejar un buen sabor de boca y abre el apetito para una próxima vez, ese apetito que es el deseo de estar con la gente que aprecias porque sí, porque en la amistad no hay o no debe de haber ideologías, barreras culturales o económicas. Me gustan los bares, el vermut, el vino, la caña de después de misa con los pocos amigos que aún se dejan caer los domingos por el sagrario o esperan fuera a sus parejas. Me sale un sus, y es que mis amigos, casi todos, tienen su pareja, la de su primer matrimonio. Los hijos a veces vienen también a los bares, y se hacen amigos compartiendo una bolsa de chuches, y siguen juntos durante años por breves momentos que son aparentemente tan poca cosa como es compartir una pequeña mesa en un bar. En cualquier bar se puede renovar el vínculo de la amistad, allí somos servidos, y tenemos más tiempo para compartir una existencia no siempre fácil, pero que aquí se relativiza, se hace más llevadera. Otros más jóvenes directamente van al bar saltándose el preámbulo. Mi generación, la de las cañas jugadas al cubilete o la petaco, pasó mucho tiempo en la barra cuándo todavía no se hacía botellón. De los bares de Cuenca no diré más, ¡da gusto salir! y hay mucho en donde elegir. Espero no molestar evocando recuerdos agradables ahora que estamos pasando este mal trago.
Hoy yo quería hablar de todos los profesionales que nos hacéis la vida más agradable, ahora abandonados por esta debacle que nos está haciendo tanto daño, pues casi todos son pequeños establecimientos familiares que ahora no tienen ingresos y que sin embargo siguen pagando impuestos, cuotas de autónomos, e incluso alguna nómina. Me acuerdo de vosotros, y no solo porque os eche de menos, que imagino que muchos lo estáis pasando muy mal. Yo también he sido autónomo y he tenido alguna pequeña empresa. Yo sé lo difícil que es salir adelante cuando se tiene que ganar cada cliente día a día. Yo sé del esfuerzo y la ilusión con la que se emprenden los pequeños negocios; de los desvelos que producen los impagos o la falta de profesionalidad de alguno de los que hemos contratado. Yo sé lo que se sufre esperando tener esos ingresos que se demoran por los pagarés o las letras con fecha de vencimiento. Pero lo más duro para los pequeños negocios es no tener ingresos, que es justo lo que ocurre ahora. Vivir en sociedad, en una pequeña comunidad como es Cuenca o nuestros pueblos, es compartir destino, mesa, conversaciones, y sobre todo ser solidario, interactuar, apoyar a quienes más lo necesitan. Cuando todo esto pase sé que volveremos a reír juntos, a salir a los bares. Ahora os echamos de menos, y sé que vosotros también. Yo tengo muchas ganas de volver al bar, de compartir miradas, y descorchar juntos esas botellas de vino que son excusa para congregarnos en torno a la amistad. Pronto volveremos a vernos y espero que estéis todos. ¡Ánimo! que ya nos queda menos…