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Pilar Gómez

MIS RAZONES

Pilar Gómez


Sobresalto en Cataluña

27/09/2021

Hace cuatro años, tras impulsar un intento de golpe de Estado, Carles Puigdemont, por entonces presidente de la Generalitat abandonó a su suerte a sus compañeros y se escapó de España oculto en el maletero de un automóvil. Desde entonces, pese a la orden de detención y entrega dictada por los tribunales españoles, vaga alegremente en Waterloo a la espera de decisiones que le faciliten su retorno sin riesgo de ir a prisión. El episodio vivido este fin de semana con su detención momentánea en Cerdeña pareció abrir la puerta a la ejecución final de la disposición del juez Llarena, verdadero héroe en este asunto. Estamos a la espera de que el Tribunal de Luxemburgo decida sobre su inmunidad parlamentaria y, en consecuencia, invalide la orden emanada desde el Tribunal Supremo español. Se consumaría, de este modo, un nuevo caso de desprecio de la Justicia de la UE hacia los tribunales españoles. Ya lo han venido haciendo anteriormente tanto magistrados alemanes como belgas.
¿Sirve para algo el espacio jurídico europeo? ¿Sirven de algo las órdenes de captura de un socio de la Unión Europea ante el resto de los miembros de ese club? De poco, como se está viendo en el caso de Puigdemont que va a salir de todo este asunto mucho más reforzado de lo que hasta ahora lo estaba. El inquilino de Waterloo, que se siente victorioso, clama contra la Justicia española, de la que se burla y a la que ha dedicado una vez más, bromas e insultos. Olvidado prácticamente por la sociedad catalana, su estrambótica figura ha recuperado algo de aliento y parece disponerse a complicarle la existencia a ERC, su enemigo tradicional y ahora al frente del Gobierno de Cataluña. También este sucedido de Cerdeña puede complicarle la existencia a Pedro Sánchez que tenía muy bien amarrada su negociación con los republicanos catalanes.
Cabe pensar que ahora, impelido por las bravatas de Puigdemont, actual titular del ‘Govern’, Pere Aragonés se vea obligado a endurecer sus posiciones, y convierta la llamada ‘mesa de negociaciones’ con el Gobierno central en una plataforma de exigencias difíciles de satisfacer.
Sánchez ha lanzado en estas horas el mensaje de que su acuerdo con ERC está sólido y no se va a ver turbado por la bravuconada de Puigdemont. Cierto que la respuesta de la opinión pública está siendo muy tibia. Puigdemont ya es pasado. El problema es que en Cataluña resulta muy difícil hacer previsiones y todo lo ocurrido en estas horas implica al menos un leve cambio en el tablero político de la región y del resto de España. Habrá que esperar a la evolución de los acontecimientos, sin duda cargados de inquietud e inestabilidad.