LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Auge y caída de Guardiola

Soy aficionado culé desde la adolescencia y nunca he cuestionado mi adscripción deportiva por motivos políticos. Siempre he considerado que el deporte es una cosa y la política, otra. Y que mezclar ambas suele atender a motivos espúreos, como es la causa nacionalista, que todo lo puede, todo lo barre, todo lo pisa. Ahora sale el Barcelona criticando la sentencia del Procés, demostrando a ojos de todo el mundo que es el club más politizado del mundo. Muy por encima del Madrid, de ese Madrid de las Copas de Europa de Franco incrustado en el subconsciente culé. Para colmar el despropósito, Guardiola graba un mensaje de auxilio y socorro al mundo por la situación represiva que vive Cataluña. Y Xavi se mete en el lío desde Qatar. Ambos fueron capitanes de la selección española que, como todo el mundo sabe, los trataba a palos. Lo siento por ellos y su talento. Aquí se cumple a rajatabla la sentencia de que nadie puede ser genial de lunes a domingo a tiempo completo.
Guardiola ha hablado de falta de derechos humanos, ausencia de libertad de expresión y represión. Como la hostia que le soltaron a una mujer por llevar una bandera española. Asegura que el independentismo es un movimiento pacífico, inclusivo y transversal, nada xenófobo. En absoluto, sólo para los cinco millones de catalanes que no se sienten independentistas. Y pide la mediación internacional para solucionar el conflicto, como si Cataluña fuera un territorio ocupado por España. Lo malo de Guardiola no es que exprese sus opiniones políticas. Lo verdaderamente inmoral y vomitivo es que utilice la mentira y la difamación. Podrá hacer daño en un momento dado, aunque ya no tanto, como los equipos que él entrena. Pero sobre todo, se hará daño a sí mismo. Porque millones de españoles ya no le perdonarán jamás su falta de escrúpulos. Como a Xavi. Curiosamente los dos han estado en Qatar, pagados por una nación de exquisita tradición democrática como es la de aquel país. Jamás escuché un vídeo de ninguno de los dos en defensa de las mujeres que lapidan por adulterio o los homosexuales que encarcelan por serlo allí. Es una pena muy grande, porque ninguno de los dos volverá a trabajar en España. Los españoles aceptamos la crítica y somos los primeros en hacérnosla a nosotros mismos. Lo que no aceptamos es la mentira, la difamación y la caradura. Que se pongan ambos a hacer ejercicios de calentamiento mentales y a correr por la banda. La afición hará el resto.
Lo que vive estos días Cataluña es la eterna cantinela de los últimos cuatro siglos. Una guerra civil entre catalanes, no entre Cataluña y España. La primera ha sido llevada al precipicio por una clase política corrupta que ahora se esconde. Pujol y su clan permanecen apartados, cuando han sido ellos los padres de esta arquitectura insoportable. Nadie se explica cómo el viejo no está en prisión cuando ha sido el mayor ladrón que tuvo Cataluña. En esto sí que demostró ser español hasta las trancas. Se pasó tres pueblos, pues lo natural hispánico era la pequeña picaresca, pero no el latrocinio con el que levantó Convergencia y la nació catalana. Hoy los jóvenes se pegan mientras el viejo cuenta sus dineros en Andorra. Y Cataluña arde en el fanatismo como ya lo hizo la Gran Serbia, la Alemania nazi o cualquier otro punto del planeta enfebrecido de nacionalismo. Al final, España volverá a socorrer a los catalanes desamparados. Igual por eso es por lo que sacan a Franco. Como en el 39.


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