NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Ventanas

02/04/2020

Hace poco me informaron de que la Biblioteca de Castilla-La Mancha experimentó un hecho curioso. Al poco de intuir que todos acabaríamos confinados en nuestras casas, y un día antes de cerrar sus puertas al público, los usuarios de la biblioteca acudieron a retirar todos los libros que les permitía su carné. Y los plazos de préstamo se han renovado ya automáticamente por el Estado de Alarma ampliado.
También leí un artículo sobre la importancia de las ventanas en el arte, en la pintura. A lo largo de los siglos, las ventanas y su significado, como elementos de apertura a otros mundos, incluso de mayor conocimiento de nuestro propio mundo, han estado presentes en la historia del arte. Desde Dalí, con su hermana contemplando el mar en esa obra icónica: ‘Muchacha en la ventana’; hasta el más reciente Edward Hopper con su hiperrealismo, que muestra a esas jóvenes contemplando, casi anhelando, el exterior.
Pero si nos esforzamos un poco, hay más. Porque no solo está lo que hay en la parte exterior de las ventanas. También está lo que hay dentro de ellas. Y en estos días de encierro, es tan importante lo que anhelamos de fuera como lo que debemos ser capaces de abrir dentro. Cuando me enteré del incremento de peticiones en la Biblioteca, me imaginé que el mismo ansia de acaparamiento que se vivió en los supermercados de abastecimiento para el cuerpo, se había extendido para el alma. Y me reconfortó, porque la mente también necesita alimento. Y las letras, los libros, el arte, son proteína pura. Hidratos en vena que van directos a la mente.
En sus casas, en sus pisos, en el mío, no son muchas las ventanas a las que podemos asomarnos para despejarnos. Para notar en la cara la brisa de la libertad. Esa caricia que nos hace pensar en el día en que podamos salir y volver a compartir, tocar, abrazar, besar. Pero son muchas más las ventanas que nos están esperando dentro de los hogares para que las abramos. Son todos esos libros que, sin necesidad de moverse del sofá, son capaces de trasladarnos a otros países, a otras épocas… a otros mundos. Son esas ventanas que se abren no para que miremos, sino para que nos lancemos y nos sumerjamos en las historias que nos ofrecen. Para que las vivamos junto a sus protagonistas. Para que seamos ellos. Desde una biografía hasta una de aventuras. Poesía, narrativa, cuentos, novela histórica, fantástica… ¿Y qué me dicen de la ciencia ficción con la que nos cautivó Asimov?
Si se lo plantean, son muchas más las ventanas que pueden abrir en su casa más allá de los vanos que hay en las paredes. Tienen cuadros, seguro. En cada uno de ellos también hay un mundo. Tienen libros, ábranlos y déjense llevar. Y si tienen la suerte de compartir el confinamiento con alguna otra persona, aprovechen a conocerla mejor y déjense conocer mejor.