EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Lógica de curso legal

30/03/2021

Después de lamentarme en mis anteriores columnas de las diversas dolencias de nuestra sociedad, he llegado a la conclusión de que el mayor deterioro que sufre España no es el sanitario ni el económico ni el político, sino el mental. Es decir que nuestro mayor fallo es el de la lógica debido al mal uso de la inteligencia. No olvido el aforismo que dice que no es necesario explicar como efecto de la maldad lo que es consecuencia de la estupidez.
Pero en la patología de la mala persona, la idiotez nunca tiene la exclusiva porque se acompaña de la maldad y de tan eficaz conjunto se derivan las restantes enfermedades personales y sociales. Por lo general la tontería y la mala uva forman una admirable colaboración que el pueblo resume con la sentencia de que ‘no hay tonto bueno’.
En España hay tradicionalmente una difícil convivencia que alimentan los gobernantes porque es necesario inventar una dotación de enemigos para estimular en las propias huestes una actitud bélica. Esta tensión fue impulsada por el infausto presidente Rodríguez, aquel que cuando se asomaba a la ventana de La Moncloa creía ver el cosmos y designaba al viento como terrateniente mundial, con lo que obtuvo un reconocimiento internacional en la Champions League de la estupidez. También eran reconocibles en él otras cualidades de gafe de mala uva, al estilo de Mr. Bean, que siempre lograba convertir los problemas en conflictos.
Dejando a un lado a los tontos nominales y yendo a los ciudadanos aparentemente cabales y hasta despabilados, por su moralidad yo hago la distinción entre listos e inteligentes. Los primeros son hábiles para desenvolverse en las distancias cortas y buscan el beneficio inmediato sin tener en cuenta los efectos sociales y los personales a largo plazo. Esta actitud provoca una fragmentación y enemistad entre los miembros de la sociedad. Los inteligentes tienen una visión superior de la que carecen los listos y otras variedades de oportunistas, que es actuar con la bondad. Esta actitud es el principio básico de la convivencia que es la reciprocidad que consiste en tratar al prójimo como tú esperas ser tratado por él.
Se habla de dos subespecies de tontería. Una la forman los medio tontos, que son los que sufren porque en los momentos de tregua saben que lo son. Otra son los tontos del culo que son aquellos que no se enteran y son vitalicios y sin poros y viven en una nube de felicidad.
Hay tontos pacíficos que viven en un entorno social reducido y hay otros temibles que son los tontos que toman iniciativas. Estos son generalmente los que medran en política y con escasa capacitación ocupan cargos de mucha responsabilidad. Aparte de sus decisiones infortunadas es ofensivo su escaso nivel de cultura, sus frases incorrectas, su analfabetismo funcional que nos hace pensar ¿es posible que un necio de este calibre sea un Presidente o una Ministra?
En el mundo político es fácil confeccionar una lista de tontos de izquierdas y tontos de derechas con los que se podría organizar un animado partido de fútbol.