CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


No ganó nadie

Ni Sánchez, ni Casado ni Abascal, supuestamente los candidatos con más amplia trayectoria política, aprovecharon la ocasión de un debate que podía cambiar sensiblemente las actuales perspectivas de voto. Solo Santiago Abascal y Pablo Iglesias se emplearon a fondo para llegar a sus votantes, con propuestas que con toda seguridad soliviantan a quienes están muy lejos de la extrema izquierda y la extrema derecha, pero que sonaron muy bien a quienes entusiasman sus mensajes tremendistas, sesgados y, en algunos casos, inquietantes.

Era el primer debate importante para el candidato de Vox y se preparó a fondo. Sereno frente a las salidas de tono de sus acompañantes, dijo barbaridades que rozan la ilegalidad o la sobrepasan con creces, pero que infinidad de españoles desencantados quieren escuchar porque solo les anima al voto la mano dura contra aquellos a los que consideran débiles ante los independentistas o la inmigración. Iglesias no le fue a la zaga en las propuestas de signo contrario, ambiguo ante el independentismo catalán e incisivo en sus preguntas a un Pedro Sánchez del que se distanció como nunca hasta ahora. Puso el dedo en la llaga cuando le insistió en que avanzara cual era el tipo de pactos que baraja. El presidente en funciones no le hizo caso. Como hizo caso omiso a casi todo, no respondió a ninguna de las preguntas incisivas que le llegaban de sus adversarios. Sánchez, en una actitud irritante, despectiva, incluso irrespetuosa, sin mirar a sus interlocutores como manda la educación, presentó su peor cara. Cara siempre hosca, sin escuchar a nadie. Con unas propuestas que demostraban hasta qué punto le importa todo un bledo: incluir como delito en el código penal la celebración de un referéndum ilegal, cuando ya estaba y lo retiró un gobierno socialista; elegir vicepresidenta económica a Nadie Calviño cuando ha pasado olímpicamente de ella durante el año y medio de gobierno mientras potenciaba a la titular de Hacienda, y anunciar dos nuevos ministerios, sobre el cambio climático y la España despoblada, que sonaban a oportunismo por todas partes.

Casado estuvo faltón, interrumpía sin cesar. Lapidó un tiempo de oro, el que le hubiera venido muy bien para presentar propuestas efectivas y echar abajo las de Sánchez. En cuanto a Rivera … algo le pasaba a Rivera, ni de lejos apareció el político que encandiló a tantos votantes e hizo tanto roto en el PP. Respondía lo que le daba la gana aunque fuera otro el tema a tratar. Ni siquiera estuvo atinado al denunciar la falta de autoridad del gobierno de Sánchez en Cataluña, su tierra. Una tierra en la que poco antes de que se iniciara el debate los independentistas volvían a expresar de forma violenta su rechazo a España y al Jefe de Estado. Como hacen desde hace semanas mientras Moncloa presume de la perfecta coordinación entre las fuerzas de seguridad. ¿No se puede hacer algo más, algo que pare los pies a los insurgentes?



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