Miguel Romero


Entre Santa Catalina y Sanmartino se recrea la miniatura

07/04/2021

Cuenca es admirable por cada rincón de su espacio urbano, tanto que ni siquiera las moles rocosas que adornan su estampa se asustan cuando el trueno desgarra su sonido. Por arriba o por abajo, tal vez, recordando aquel "catafalco" que le colocasen a Felipe IV y al conde duque de Olivares cuando hasta nuestra ciudad llegaron para visitar los molinos de papel fino y la ciudad enroscada entre dos hoces. Desde ese lugar, colocado en los huertos de la Casa y Colegio de Santa Catalina, su majestad pudo disfrutar de una corrida de toros en el Coso del Huécar, mientras las aspas del molino de San Martín hacía bullir el agua en su cascada.

La muralla medieval incita al paseo, la Cárcel Vieja remoza sus muros y el camino hacia San Martín va cubriendo los peldaños de unos miradores hacia el Belén de Tiradores, la piedra del Cuchillo, la cueva del tío Serafín, el Teatro Auditorio y el Parador de los frailes.

Y es que aquí, desde este alto de Cuenca, donde se ubica la iglesia de Santa Cruz, ahora museo-exposición de Roberto Polo, hay ciertos recovecos de alcurnia poderosa, porque si bien, plateros del siglo XVI tuvieron taller donde afinaban sus obras de orfebrería fina -tales como los Becerril-, habitaban los entalladores afamados -familia de los Hernández-, buscando retablos donde plasmar su fina lámina de oro, ocupando hogar y taller; ahora, en tiempos modernos y en mitad de esa subida que nos eleva hacia Alfonso VIII y Zapaterías, existe un pequeño Museo, distinto, elegante, pequeño y sobrecogedor que por nombre de Espacio Sanmartino nos espera como visitantes.

La culpa la ha tenido, Rodrigo Mora, un jovenzuelo natural de esta ciudad de las Hoces, culto, estudioso y bien preparado, que ha decidido volcar su "esencia" en seguir trabajando el arte de la miniatura en barro, cartón, corcho, madera y cuántos utensilios o materias primas necesite, para crear un bello enjambre de figuras con hombres, mujeres, niños, animales, árboles, molinos, casas, rocas, murallas, iglesias y un sin fin de piezas, ofreciendo todos y cada uno de nuestros Pasos de la Semana de Pasión conquense, cada uno en su contexto, perfectamente confeccionados en hechura y ropajes, sin olvidar nada que pueda inducir al despiste.

Sin duda, ha hecho honor a ese aprendizaje que le ofreciera la Asociación de Belenistas de Cuenca que tanto nos han "regalado" con sus bellísimas composiciones navideñas, año tras año.

Por eso, Rodrigo, con esta maravillosa composición que alterna con el belén Napolitano que aquí ha dejado parte de su historia, junto a obras especiales, cuadros al óleo, miniaturas tradicionales e históricas y un ambiente extraordinario al que no le falta más que moverse y revivir entre sus historias figuradas, te rinde honores a Cuenca, al conquense y al visitante que llegue.

Un lujo para Cuenca que debemos saber aprovechar y un digno representante de la imaginación creativa que ambienta nuestra ciudad para tantos hombres y mujeres que sorprenden cada día con su Arte con mayúsculas. Enhorabuena Rodrigo y ánimo con ese proyecto.