RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


¿Teruel Existe?

Se ha celebrado mucho esta semana el escaño de ¡Teruel Existe!. Ha cuajado su retrato como movimiento que nace de una causa justa: un partido simpático, antisistémico ma non troppo, humilde y desideologizado. Otra fuerza redentora más, esta vez a favor de la noble causa de la España vacía.
Estoy convencido de que tienen razón en el diagnóstico, que aciertan en poner énfasis en la crisis de supervivencia que afrontan provincias enteras dentro de nuestro modelo territorial. Y es verdad que los grandes partidos llevan años enviando a las tierras de Castilla, Aragón o La Mancha a candidatos que no sabrían llegar sin GPS hasta la plaza del Ayuntamiento. Que no les hacen el caso que creen que merecen y que se sienten cada vez más lejos de Madrid.
Por desgracia, no creo que estos partidos aporten solución alguna. La España descolgada no se levanta con infraestructuras, trenes de alta velocidad, museos con elefantiasis o banda ancha. Ahí están los miles de polígonos industriales abandonados, los polos tecnológicos en los que literalmente se regala el suelo con la esperanza de sembrar el próximo Siicon Valley. Los aeropuertos ruinosos (uno de ellos en Teruel, por cierto), las carreteras a ninguna parte... Por las zonas más remotas de España hay columpios sin niños, piscinas sin bañistas, subvenciones sin subvencionados…
El problema es de tal magnitud que no sirven las soluciones locales, ni iniciativas que pueda inaugurar un alcalde con unas tijeras y una cinta. Si la idea de ¡Teruel Existe! prospera en otras provincias, se nos puede convertir el Congreso en un lugar donde discutir de carreteras comarcales o semáforos que no funcionan. Pero necesitamos justo lo contrario. Necesitamos mirar hacia arriba en lugar de hacia abajo: un plan global de país, un modelo de desarrollo concertado con el resto de la Unión Europea para sobrevivir a los cambios de los próximos diez o veinte años.



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