OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Egoísmo

21/07/2020

"Si volviera a nacer no tendría hijos". Así se despidió de mí el pasado viernes. Para no faltar a la verdad, esas fueron sus penúltimas palabras. Las finales versaron en torno a que, si el destino le diese la oportunidad de renacer, tampoco se casaría. La conozco desde hace meses pero cada semana, cuando nos vemos, al margen del tema profesional que propicia nuestro encuentro, ya es habitual hablar de ella y de la relación con sus hijos. Hace muchas semanas compartió conmigo su dolorosa situación al hacerme partícipe de que estaba separada, con una mala relación con su ex y que, para más inri, él tenía a los niños a la espera de juicio. Llegado el momento de la ruptura, consciente ella de que la situación económica del padre de los niños era muy superior a la suya, decidió marcharse y no llevárselos. Los dejó con él y con los abuelos paternos en la lujosa casa de estos últimos en la que habían vivido siempre. Ha pasado un año desde entonces y los sacrificios económicos que está pasando, unidos a los interminables viajes que un par de veces a la semana realiza para verlos cerca de donde viven, no encuentran la más mísera recompensa por parte de sus hijos. La mayor, con once años de edad, ya sabe lo que es tener un móvil de última generación así como que no pasa nada porque su madre dedique el triple de tiempo, en ir a verla, del que ella le concede para que se vean… y por supuesto con morro. «Mi amiga me dice que he criado niños egoístas». «Si solamente fueses tú», le digo como educador. Sus palabras son aterradoras; su expresión, tamizada por la mascarilla, descorazonadora. Un día me dijo que ahora entiende lo que muchos padres-hombres separados sufren. Cada semana le insisto en que no desista, en que disfrute de sus hijos lo que le sea posible y que no permita que pueda con ella esa lacra que hoy en día se siembra en los niños permaneciendo ya invicta cuando son adultos: el egoísmo.