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Francisco Muro de Íscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


Lo que el verano no pudo arreglar

02/09/2021

Hay una vieja táctica política, tal vez heredada del franquismo, de no hacer nada y dejar que las cosas se arreglen por sí solas en lugar de tomar medidas. A veces funciona. Así que este verano, el presidente y sus ministros, casi todos, se han ido de vacaciones, seguramente las más largas y opacas de los últimos veranos, y en la medida que han podido han ignorado los problemas esperando que se resolvieran sin hacer nada. A veces, cuando no hay Gobierno o éste está en funciones, los países funcionan mejor que cuando ejerce sus funciones. Al menos no hacen daño. Pero no es el caso. Este verano ha habido muchos problemas que el "laissez faire, laissez passer" no ha solucionado. Hemos salido de Afganistán tras una excelente acción militar y policial española, pero sin consenso interno, y en la huida -no tiene otro nombre- hemos dejado a miles de leales servidores de Occidente (de España, también) bajo riesgo extremo. El comportamiento de Estados Unidos, de la OTAN, de Naciones Unidas y de toda la Unión Europea ha sido irresponsable y vergonzoso. No sólo no hemos aprendido nada, sino que nos hemos comportado como los peores mercenarios. "La misión era proteger a Estadios Unidos, no a Afganistán", como dijo el secretario general de la OTAN. Terrible confesión tras el abandono por parte de Estados Unidos de su papel de gendarme internacional.

Hemos alcanzado el 70 por ciento de población vacunada, pero estamos lejos de la inmunidad de grupo, cada comunidad autónoma sigue haciendo la guerra por su cuenta, cada Tribunal Superior de Justicia autonómico decide lo que le parece -no les debía tocar a los jueces- y seguimos sin una legislación estatal que armonice la respuesta al problema, aporte herramientas jurídicas adecuadas y evite el caos. El comienzo del curso escolar puede agravar la situación, pero el Gobierno y el Ministerio de Sanidad se han lavado las manos como si el problema no fuera suyo.

También en lo interior, sigue de manifiesto la imposibilidad -ni siquiera aparentan intentarlo los que están obligados- de consensuar las indispensables reformas económicas; una posición constitucional sobre Cataluña; el reparto y control de los fondos europeos; la reforma de las pensiones y de la fiscalidad autonómica; un ambicioso plan de empleo juvenil y otro para los mayores que van a quedar fuera de juego tras los ERTE; la renovación del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional; el problema de la inmigración -por cierto, ¿cómo es posible que Grande Marlaska siga siendo ministro de Interior después de sus graves errores en Ceuta o de su política de acercamiento de presos etarras?-; la banalización del papel del Congreso de los Diputados con un presidente deliberadamente ausente* Un pacto por la Justicia y otro por la Educación son indispensables para mejorar la colaboración entre el Estado y la sociedad civil y evitar que puedan ponerse en marcha reformas sin consenso como la LOMLOE y la lamentable ley de Universidades que promueve el ministro podemita Castells.

Y si vergüenza da lo de Afganistán, la subida del precio de la electricidad ha puesto de manifiesto la desvergüenza de los que protestaban por subidas mínimas cuando gobernaba el PP y mantienen ahora un silencio clamoroso cuando son Gobierno y cuando esas subidas disparadas afectan a los más vulnerables, a la inmensa mayoría de las empresas españolas y van a tener efectos indeseables sobre los precios.

Lo que no ha arreglado el verano deben hacerlo ahora los políticos. Están obligados a hablar, a negociar y a acordar soluciones acertadas y no coyunturales. Viene un otoño difícil para la mayoría de los ciudadanos y de las empresas, donde hay una injerencia excesiva del Gobierno. Es indudable que la democracia no ha sabido plantear una alternativa atractiva al populismo. Peor aún, este Gobierno depende de quienes están en el Gobierno para actuar contra el Estado y contra el propio sistema democrático. Es la hora de la política de verdad.