COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Tiempo muerto

11/12/2019

La tercera reunión oficial entre las delegaciones el PSOE y ERC, que negocian la abstención de los segundos para permitir la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, ha acabado como las precedentes, el reconocimiento de que se han desarrollado con buen tono y han quedado para otra más, pero sin declarar cuales son los acuerdos concretos que permiten a ambas partes mantener el optimismo sobre un próximo acuerdo, más allá de reconocer que se han producido "avances en la definición de instrumentos para encauzar el conflicto sobre el futuro de Cataluña" .

Si la prudencia y la discreción es parte del éxito de la negociaciones, ambas partes cumplen como se exigen y es de suponer que a lo largo de esos tres encuentros han diseñado cual será el escenario final que tiene que concluir con la firma de ERC al pie de un documento para sellar su abstención, sabiendo que lo que en él se escriba no hará saltar las costuras constitucionales. PSOE y ERC tienen que cuadrar un círculo en el que entran en juego tantas variables que las conversaciones pueden saltar por los aires en cualquier momento. E pur si muove. Porque ambos saben que si no hay acuerdo cualquier otra solución será peor para ambos. En especial para los independentistas. A Pedro Sánchez todavía le quedaría por explorar una posibilidad que desechó dos días después de su fracaso electoral el 10-N, aunque tuviera que deshacer el pacto del abrazo con Pablo Iglesias.

En estas conversaciones resulta difícil establecer quién es rehén de quién, si el PSOE por asumir que no habrá sesión de investidura hasta el mes de enero, cuando querían llegar a fin de año con un gobierno con plenas competencias, porque a ERC no le interesa en este momento, o si los independentistas lo son de sus propias circunstancias, de los ataques que recibe desde sus propias filas aún más radicalizadas, que temen que se conviertan en ‘botifler’ del derecho de autodeterminación, y por el calendario político-judicial, e incluso deportivo de los próximos diez días, en los que han de conocerse decisiones relevantes sobre la situación de los políticos condenados por sedición.

Hasta que no se despejen todas esas incógnitas, la de las juntas de tratamiento de las prisiones sobre la calificación de los presos, la de la justicia europea sobre la inmunidad de Oriol Junqueras con extensión a Carles Puigdemont, pasando por el Camp Nou y el congreso de ERC en Barcelona, se entra en un tiempo muerto al que habrá que añadir la resaca que provoque la asimilación de todos esos condicionantes.

Será un periodo de ruido y presiones como consecuencia del silencio informativo impuesto al desconocerse cuáles son los avances, y de las especulaciones sobre el uso de expresiones tomadas del documento de Pedralbes, uno de cuyas principales aportaciones fue la exigencia de un relator internacional que mediara en una mesa entre los dos gobiernos con reconocimiento institucional mutuo. La referencia del documento conjunto a  la recuperación de los derechos sociales, civiles y laborales, “donde destacamos coincidencias notables", queda en un segundo plano, pero es la demostración de que no solo de la investidura vive el PSOE y el Gobierno y que quieren un acuerdo que garantice la gobernabilidad. Por el momento toca seguir en modo de espera.   



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