CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


¡Ea¡

La verdad es que este término va implícito en el abecedario conquense y reflexionando sobre su definición, me viene a la memoria, aquel gran trabajo que realizase mi buen amigo, el maestro Pedro Yunta en el que bajo el título de ‘Conquensismos’ sacó a la luz allá por la década de los 90 provocando una excelente acogida entre los amantes al populismo y sus tradiciones.
Ahora, vuelve a estar de moda esta singular palabra de ¡ea¡ -tal vez nunca perdió esa condición de frescura en el bestiario conquensiano-, por cuanto fuese pronunciada con lógica razonada, en la toma de posesión de los representantes provinciales en la Diputación de Cuenca.
Uno de ellos, hombre de condición universitaria, excelente gestor e intelectual donde los halla, de apellido Albentosa, la hizo protagonista de su breve alocución como diputado de un grupo político independiente cuando quiso provocar una reflexión importante para todos los que allí estábamos. Un punto de inflexión, siempre necesario, para condicionar nuestras apuestas de progreso hacia el camino seguro, olvidando que el conformismo -palabra decimonónica que debe erradicarse de la sociedad actual- no debe seguir germinando en el cultivo social conquense, buscando en la medida de cada opción, ese deseo de mejorar, de avanzar, de creer en nuestras posibilidades y así olvidar el ¡ea¡ como mecanismo de defensa que no nos llevaría a buen término.
Por eso, buenos tiempos son, si los nuevos ediles que han ido llegando a cada Consistorio, tal es el caso de Cuenca como ciudad o de Cuenca como provincia, asumen esa reflexión en la que dejemos un poco de lado, los conservadurismos latentes, el conformismo del destino y los terribles recuerdos del pasado y erradicando el vocablo del ¡ea¡, seamos capaces de enfocar un futuro halagüeño, buscando la unión entre todos, reforcemos nuestros mecanismos de esfuerzo e ilusión, caminemos uno al lado del otro, para que nuestra ciudad emerja del ostracismo, de la somnolencia, del ilusionismo de cuento de hadas, creyendo que nuestras posibilidades están intactas para avanzar, creer, luchar, reforzar sentimientos, vivir, olvidar hipocresías, caminar y caminar, trayendo, industrias, ejecutando la accesibilidad al casco antiguo en remontes, escaleras o ascensores, creer en la cultura con exposiciones de fuera y de dentro, con apuestas turísticas donde el icono de la ciudad resalte ante todos los mecanismos superfluos y veamos que Cuenca, en todo su sentido, es bella, acogedora, maravillosa, moderna, intuitiva, patrimonial y sobre todo, de futuro.
Me gustó Albentosa porque hizo su ‘saque de honor’ y me gustó porque nos hizo volver a reflexionar, tal vez -pensar, palabra más adecuada según los postulados platónicos- y con ello, hacernos ver, primero a nosotros mismos y luego a los demás, que si queremos, podemos. Pues, ¡coño¡ queramos…