LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Estáis jurando lo mismo, colegas

Lo del juramento o promesa de acatamiento a la Constitución es un requisito para la adquisición de cualquier cargo público que tiene su importancia de cara a perfeccionar el estatuto jurídico del representante, pero que no debería pasar de ser una manifestación de voluntad en la aceptación de las reglas del juego. Lo que sucede es que los diputados o concejales de los partidos minoritarios suelen aprovechar el momento para lanzar un mensaje a los propios, entre otras cosas porque el sistema de bloques en los partidos impide luego que nadie se fije mucho en lo que individualmente va a decir y hacer el representante. Esa es la tristeza: muchas de las personas que nos representan no hablan mucho más durante su mandato que ese «sí juro» o «sí prometo». El fondo del asunto es solo manifestar que se respetan las reglas, aunque el sistema no se comparta. Cuando algunos juran evocando a los presos políticos o a los exiliados en una democracia plena, se distinguen del resto pues están prostituyendo el fondo del acto de acatamiento, vomitando la gran mentira, hipocresía, y contradicción, de asumir una función pública democrática a la vez que afirman que el sistema que les acoge y les paga, no es ni legal ni legítimo. Es preocupante que aceptemos que los de ERC o Junts per Cat desnaturalicen el compromiso de inicio con las libertades. Sin embargo, fuera de esos casos de negación, nos encontramos otros respetables pero carentes de fondo, que son equivalentes al «sí prometo» o «sí juro» del resto, y que son los que habitualmente formulan los cargos electos de Unidas Podemos y Vox. Unos y otros contentan a sus parroquias con artificios formales al efectuar su compromiso sin saber que están diciendo lo mismo. Así, cuando diputados o concejales de Podemos prometen la constitución sin renunciar a sus valores republicanos, tan solo expresan que prefieren una simbología distinta, pues nuestra forma de gobierno hace medio siglo que es esencialmente republicana, y la monarquía está totalmente apartada de las decisiones soberanas del pueblo. Los de Podemos alimentan así una inexistente idea de alternatividad en el sistema que para nada cambiaría nuestro día a día ni las relaciones de poder. Por su parte, la mención de algunos cargos de Vox a jurar por España o por la patria, es plenamente concordante y absolutamente igual al juramento que realizan los del PSOE, PP, y al fondo de lo que dicen los de Podemos: España, nuestra patria, se traduce en el siglo XXI en el respeto hacia una constitución democrática, con sus derechos y obligaciones, simbolizada por un Rey pero con unas relaciones de poder absolutamente distintas a las que se derivaban del Principio Monárquico. Quitando los independentistas que amparan los ataques contra nuestros derechos, el resto estamos hablando de lo mismo aunque lo cantemos con distintas melodías. Ya el problema sería si, a la palabra «república», o a la palabra «patria», le están dando dentro de sus cabezas significaciones alternativas: en ese caso la voluntad de aceptación estaría viciada, pero no parece que sea muy preocupante si por sus hechos posteriores no nos enteramos de tal reserva mental.



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