LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


¡No me clasifiques!

02/06/2020

Lo de siempre, que es querer meternos a todos en cajones y conjuntos para convertirnos en rebaños, se está poniendo de manifiesto en estos tiempos excepcionales con mayor crudeza. Somos tan distintos en lo que hacemos y pensamos, que resulta doloroso que en momentos como el presente solo podamos ser o colaboradores o denunciantes de lo que hacen los poderes públicos, con lo que ello supone de mirada de odio de los que militan en los extremos. La mayoría de españoles, que solo queremos vivir en paz y progreso, estamos colaborando activamente en la lucha con la pandemia asumiendo grandes sacrificios, y al tiempo, cuando nos parece (pues estamos en democracia), nos quejamos de lo mucho que se hace mal. El centro sin enfrentamiento, así lo dicen los estudios demoscópicos. A lo mejor estamos equivocados, en colaborar o en denunciar, pero es nuestro derecho, y ni por ello queremos apuntalar a Pedro Sánchez, ni darle un golpe de Estado. Siento decirlo, pero, la superficialidad del enfoque de muchos profesionales del periodismo, es insultante para la ciudadanía y traslada esta idea.
Esta semana, por ejemplo, la noticia no era que una juez pedía un informe a la Guardia Civil, si no que una «juez conservadora» pedía un informe. Los que estamos relacionados con un partido político aún sufrimos más esta catalogación, y no podemos vivir sin que nos recuerden «tu partido dice esto», «tus amigos dicen aquello». ¡Vaya usted al cuerno!
Las clasificaciones sirven a los que mueven el dinero solo para hacernos sujetos de consumo. Recuerdo el interés de cierta industria europea en pro de los derechos de los transexuales ¿motivo?; desde luego no trabajar por su inclusión sino identificarlos (y marcarlos) como grupo poblacional para colocarles ciertos productos médicos y cosméticos (macdonalización de las intimidades). También lo de encuadrar les viene bien a los malos políticos: piensa como el partido y así no me tengo yo que esforzar en adaptarme a la realidad de todos (vota «a los nuestros» y el resto que se joda). Tal despropósito aceptado y extendido como ‘fidelidad’, convierte muchas veces en líderes a los que nunca han tenido ideas propias, que son los preferidos de los grupos de poder para que no les discutan y obedezcan.
Y por último, lo de la adscripción a un colectivo, bandera, o credo sin fisuras, les viene de perlas a miles de personas que carecen de la capacidad crítica necesaria, o renuncian a ella, y solo entienden su vida siguiendo la directriz que otros le marcan: lo que dice el locutor que defiende las esencias del madridismo, lo que dice el político de turno de tu ideología asumida por el mismo procedimiento con el que has elegido equipo de fútbol, lo que te dice por las mañanas tu diario favorito… La necesidad de sentir pertenencia al grupo es tan antigua como el ser humano, pero llevamos, eso quiero pensar, siglos evolucionando, y tal cosa es compatible con la libertad y la conciencia crítica de rechazar los extremos (y el «estás conmigo o estás contra mi»). Los que quieran que otros piensen y decidan por ellos, adelante, pero al resto déjennos elegir ingredientes.