TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Tranquilo y normal

No sé si se estudia en las escuelas de entrenadores o en los cursos de dirección de entidades deportivas… pero debería. Lo resumo:

En junio de 2003, el Real Madrid echa a Del Bosque. No hay un motivo claro, no al menos fácil de vender ante la opinión pública: acaba de ganar la Liga en una temporada de tres títulos (añadió la Intercontinental y la Supercopa de Europa) y unas semifinales de Copa de Europa. Del Bosque, que ha ganado dos Champions de cuatro disputadas y el mismo porcentaje de Ligas, abandona el Bernabéu por la puerta trasera y deja a sus espaldas la sensación de que echar a un buen tío es demasiado fácil… pero sale demasiado caro: durante una década, hasta que el Madrid vuelve a encontrar a otro tipo «tranquilo y normal», Carlo Ancelotti, el club no ganó ni un título internacional, apenas tres Ligas, una Copa y una Supercopa. O sea, cinco títulos de 34 disputados, lo que en términos relativos madridistas es un pequeño desastre. Y cuando echaron a Carletto, no volvieron a tocar la gloria hasta encontrar a otro tipo «tranquilo y normal» como Zidane, muy por encima de las bravuconadas de Mourinho, las pizarras mágicas de Benítez o Lopetegui, etcétera.

No sé si vale para todos los clubes, pero supongo que en determinadas circunstancias y alturas, lo que los grandes necesitan es tranquilidad y normalidad. Ni divos, ni demasiadas líneas en la pizarra, ni tácticas que encorsetan al equipo, ni decenas de diplomas en la pared, ni un loco de los vídeos y el balón parado, ni un sargento ni una institutriz victoriana… Ante una crisis, el sentido común de alguien que actúa desde un perfil bajo para llegar a la cabeza y al corazón de los genios (de las piernas se encargan ellos solitos) funciona mucho mejor. Lo dice la historia. Por eso lo de Ernesto Valverde, tranquilo y normal como pocos, suena tan extraño.



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