DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Símbolo universal

12/06/2020

Podemos quiere que Fernando Simón reciba la medalla de oro de Zaragoza. La de plata es poca cosa y la de bronce -si es que la hay, que no lo sé- sería una deshonra. No andará lejos de la propuesta Echenique, que fue el líder de los podemitas aragoneses. Sea quien fuere el iluminado que esté detrás de la ocurrencia, el frente maño de los de Pablo Iglesias quiere reconocer al director de Alertas y Emergencias Sanitarias porque estudió la carrera allí. Sin duda, una razón de peso. Por eso y porque es la autoridad que ha demostrado más tino antes, durante y después. «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado y no se espera que haya  transmisión local. En ese caso sería muy limitada y muy controlada». ¡Bingo! Más de 40.000 muertos y un número de contagiados que nunca vamos a conocer con exactitud, pero que en las cifras oficiales que controla Simón supera las 240.000 personas. ¿Son suficientes argumentos para concederle tan distinguido galardón en el Ayuntamiento de Zaragoza? En cada comparecencia diaria podemos encontrar un motivo más que añadir a una lista que es eterna, aunque, sin duda, destaca la justificación que dio para explicar el desfase en los registros de fallecidos, que en el trimestre que va de marzo a mayo está muy por encima de la media de años anteriores: «No sabemos si se debe a un accidente de tráfico enorme».
Hay tanto que agradecer a Fernando Simón. Sobre todo, que haya sido el escudo político de un Gobierno que le ha exprimido y utilizado cada día durante más de tres meses, degradando su reconocida fama de gran científico. «Ya habría merecido el reconocimiento de la ciudad, pero ahora, en 2020 con más motivo, porque se ha convertido en símbolo universal de la lucha contra la pandemia», sentencian en Podemos. No un símbolo local, ni regional, ni nacional. De todo el Universo. Igual ese calificativo tan amplio lo han anotado después de leer el Financial Times, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo. Es en una de las informaciones del rotativo británico sobre España donde los de Pablo Iglesias han podido encontrar un elemento más para proponer la medalla a Simón. «Las cifras nos están volviendo locos. Están causando una falsa sensación de seguridad entre la población porque el número cero tiene mucho poder». Esto es lo que se podría leer en el Financial Times la semana pasada mientras Simón defendía, durante varios días seguidos, la ausencia de muertos en nuestro país por el COVID-19. Todo ello, mientras las comunidades autónomas informaban de fallecidos en el mismo periodo que Sanidad aseguraba que no había ninguno.
Simón ha demostrado en este tiempo muchas virtudes, pero no sé si son lo suficientemente relevantes como para que le concedan una medalla de oro. Ha sido paciente, no se ha escondido y ha demostrado tener unas tragaderas enormes para justificar una actuación bastante mejorable. Además, ha evidenciado gran capacidad para vender una partida de miles de peines a la asociación española de calvos. Habrían tenido la misma eficacia que las mascarillas defectuosas que compró el Ministerio para el que trabaja Simón y que provocó el contagio de decenas de sanitarios.
España no está para medallas. Y menos a quienes no se las han ganado. Los que no somos ni epidemiólogos, ni virólogos, ni científicos, habríamos deseado que, con todas las alertas que se han ido confirmando, hubieran tomado decisiones con la suficiente antelación los que sí tienen la capacidad y el conocimiento. Llegaron tarde. Espero que también para recoger la medalla.



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