BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Mesa y consulta

Torra y compañía están consiguiendo, para su plena satisfacción, justo lo contrario de lo que cabía esperar: que España se divida aún más de lo que estaba. El caos, en vísperas de la anhelada, para quienes la anhelen, investidura de Sánchez, está servido, y quien más quien menos con el alma en vilo.
 Está claro que los independentistas catalanes no son tan torpes como Rajoy creía; antes bien, al contrario, conocen al adversario, lo han estudiado a la perfección, saben con exactitud cuáles son sus puntos flacos, y están muy bien asesorados, dentro y fuera de las fronteras de España. Nos creíamos perfectamente blindados con la Constitución, pero ellos sin duda llevan años preparando sus objetivos, que no son otros que la secesión. Su táctica, la del viejo Lluis Llac en ‘La estaca’: uno estira por un lado; otro por otro, y, al final, seguro que cae. Sólo hace falta paciencia, astucia y capacidad de mentir. O sea, las dotes de un buen político.
 Estos tíos son como los niños caprichosos que cogen la perra y no la sueltan; como el tonto que coge la linde y la sigue aunque ésta se acabe. Antes ‘referéndum’; ahora ‘referéndum, amnistía y fin de la represión’. Les ofreces el oro y el moro, y ellos ‘referéndum’. Lo dicho, auténtica obsesión. La Esquerra de Rufián, con muchos años de carrera, y tragándose los pujos, al contrario que los ‘puigdemones’, que echan baba, han terminado haciendo buenas migas con el necesitado Pedro Sánchez, y, luego de decidirse a dar un rodeo -lo dicho, paciencia y astucia-, han negociado con los socialistas: el resultado, lo visible, lo escrito, lo conocemos todos: abstención a cambio de ‘mesa y consulta’, o sea, negociación entre gobiernos -‘inter pares’- y consulta, o sea, referéndum encubierto. Lo hemos dicho infinidad de veces: las palabras sirven para todo, para comunicar, animar, consolar, engañar, timar y, sobre todo, para encubrir. No le gusta a usted el término que he utilizado, no se preocupe, al igual que pasaba con los principio de Groucho Marx, tengo otros, para eso tenemos un lenguaje tan rico.
 Lo de ‘mesa y consulta’, que tanto estimula a los vascos de Bildu, que ya la piden para no ser menos, como es lógico, ha caído como una bomba entre quienes desean un gobierno, pero no a toda costa y con ‘trágala’, y, en especial a la derecha, que no sé por qué se aferra a un constitucionalismo que en su día le costó aceptar. La jugada del JEC inhabilitando a Torra por siete votos contra seis, y pronunciándose en contra de que Oriol Junqueras, ya condenado, sea eurodiputado, justo la víspera de la sesión de investidura de Sánchez, ha levantado ampollas, amenazando muy seriamente el pacto entre ERC, PSOE y UP. Lo que pase mañana, todo dependerá de la capacidad de aguante de los de Rufián, acosados por los ‘puigdemones’, eternos resentidos, y por los extremistas.
 España, por culpa de nuestros torpes políticos, es hoy día un polvorín a punto de estallar. No le arriendo a Pedro Sánchez la ganancia. Aunque Dios y sólo Dios y él saben lo que anida en el fondo de su conciencia, la realidad, la que percibe el ciudadano honesto, ese mismo que paga sus impuestos e intenta sacar el país adelante, es que no se puede llegar más lejos en insolidaridad, egoísmo y capacidad de diálogo. Las dos Españas de Machado se perfilan en el horizonte como esos dos bestias que pintó Goya, con un palo en la mano y los pies enterrados en la arena. A muerte. Y, mientras, los tribunales europeos desautorizando al juez Llanera, que tampoco dimite ni dice esta boca es mía. Nos queda la mesa y la consulta, y la posibilidad de que esto no salte por los aires. Y a todo esto, personajes clave como Joseph Borrell sin decir ni pío, justo cuando tanto nos gustaría oírlo hablar. Todo esto, reconozcámoslo, huele a cuerno quemado. Menuda forma de empezar un año, y bisiesto. Veremos.