NUEVO SURCO

Javier López


El reto

22/07/2020

Nos adentramos ya en el meollo del verano con la vista puesta en los dineros que vendrán de la Unión Europea y la constatación de que hay una Europa que ahora llaman ‘frugal’, encabezada por Holanda, y que siempre nos mira mal. Siempre, seguramente desde que los Países Bajos encontraron su propia épica nacional en la lucha contra el Imperio español de Felipe II heredado en su parte europea de su padre, Carlos V.  El duque de Alba sigue siendo representado en el imaginario popular holandés como una suerte de ‘hombre del saco’ con el que se intenta sujetar a los niños cuando se pasan de la raya.
Sin embargo, la Holanda de hoy, al frente de ‘los frugales’ y con la voz impertinente de su primer ministro, Mark Rutte,  prefiere cultivar la imagen de España como el paraíso de la fiesta y la siesta que pretende vivir a costa de los sacrificios de esa Europa norteña y laboriosa. La jugada no le ha salido del todo bien, y España no tendrá todo lo esperado pero tampoco se tendrá que conformar con lo temido. La negociación ha  sido dura y algunos la colocan ya como al punto de arranque de una refundada UE para afrontar los complicados años por venir. 390.000 millones en subvenciones y 360.000 millones en créditos para todo el espacio UE. A nuestro país, junto con Italia el más duramente golpeado por el Covid-19, le corresponden 72.700 millones en ayudas a fondo perdido; el resto tendrá forma de préstamo y habrá que devolverlo. La reconstrucción de España tras la devastación, todavía no del todo calculada, tendrá que llegar de la mano de una profunda reformulación de actitudes políticas encaminadas siempre al enfrentamiento y a la polarización de la población en torno a problemas que no son ahora los fundamentales.
Pedro Sánchez ha contado con el apoyo inestimable de Ángela Merkel y se ha sumado al eje franco-alemán como el valor más seguro en un Consejo Europeo que era crucial para nuestros intereses. El peso de España e Italia, tercera y cuarta economía de la zona euro, es significativo pero ante el veto de ‘los frugales’ (Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia) no había camino posible sin cesión. Son estos países, además, contribuyentes netos al presupuesto comunitario y dominan en el PIB per cápita. Ven en la Europa sureña una amenaza para su bienestar pero no contemplan  la posibilidad de que sin los mercados de la Europa que menosprecian ellos nos podrían mantener su bienestar.
La llamada ‘cumbre de la recuperación’ salva de momento la construcción europea pero deja al descubierto que al mismo tiempo hay un espacio ajeno a esa dinámica que tiene que ser gestionado en clave de cada nación, y para eso hace falta un acuerdo mucho más amplio que el que a día de hoy existe en España, donde todo se ha intentado sustanciar con una comisión parlamentaria en el Congreso de los Diputados que más allá de alguna buena declaración de intenciones en materia sanitaria todo apunta a quedar en agua de borrajas.
Lo hemos visto durante los días que ha durado el Consejo Europeo y la falta de unanimidad con la que hemos acudido a la cita, con algunas voces de la oposición que en ocasiones parecían la Portavocía del holandés Rutte en España. Se echa en falta aquello de Alfredo Pérez Rubalcaba a Mariano Rajoy  en medio de pasadas turbulencias: «Va al Consejo Europeo con todo el apoyo del PSOE», pero, como si aquellos tiempos tan cercanos fueran remotos, hoy la relación Rajoy-Rubalcaba resulta inalcanzable. El reto para España es de tal envergadura que no sabemos si a la vuelta del verano el país se podrá permitir seguir adelante con un confinamiento tan pertinaz de los bloques políticos en sus propias dinámicas, sin habilitar un gran carril central de sentido común.
Si la economía se desmorona como se pronostica tras un verano en el que el turismo estará a menos de medio gas, si el paro llega al 20%, y la deuda alcanza niveles nunca antes registrados, ¿será suficiente la frágil coalición de gobierno? El dinero que nos vendrá de la Unión Europea hay que administrarlo y vendrá con un pliego de condiciones. El reto será reconstruir el edificio asegurando pensiones, sin machacar a impuestos a las clases medias y los trabajadores. ¿No es necesario un gran Pacto de Estado para asumir la tarea? Más cuando algunos de los que sostienen ese gobierno están en lo de derribar la monarquía o directamente en hacer saltar por los aires nuestro espacio de unidad con la eterna matraca independentista que apenas aminora con la pandemia



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