VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Patrióticos

Se utiliza con intenciones despectivas, pero a muchos españoles les parece admirable. Lo patriótico vende, sobre todo desde que hace un año y medio un grupo de iluminados catalanes, enfervorizados por una masa a la que habían engañado, trataron de dividir a una nación con demasiados siglos de historia. Cientos de miles sacaron sus banderas a los balcones y asistieron a manifestaciones en defensa de la unidad del país. Pese a ello, lo patriótico sigue siendo ridiculizado y puesto en solfa cada vez que la actualidad lo permite. Ocurrió con la manifestación de Colón, sobre la que se ha conseguido avergonzar a algunos de sus participantes porque en ella, con plena libertad y en ejercicio de sus derechos, se dio cita un nuevo partido político que no tiene derecho a existir, aunque represente a muchos ciudadanos que le han votado y le van a volver a votar. Me dejé caer por aquella concentración a título personal, y no pude ver ninguno de los monstruos que se dibujan desde la izquierda española, la mediática, la política y la institucional. Allí había españoles libres defendiendo una idea y unas leyes. Nada menos.
Ahora parece que lo patriótico, en el sentido despectivo que se le quiere dar, ha alcanzado también a una parte de la policía de nuestro país. Un político declara en instancia judicial, y a su salida comienza una gran operación electoralista insinuando que a su partido se le investigó hace cinco años por motivos espurios y para impedir que llegara al poder. Había evidencias publicadas en la prensa sobre la posible financiación irregular de las plataformas que fueron embrión de esa formación política, y los funcionarios públicos ahora tildados de patrióticos las investigaron, igual que hicieron desde el patriótico SEPBLAC (Banco de España) y desde el patrótico CNI. Y había como ahora una ley que prohíbe a los partidos recibir dinero de gobiernos extranjeros. Exagerado patriotismo éste de las instancias públicas que se dedican a descubrir posibles delitos.
La denuncia de las cloacas del Estado que estamos viendo estos días sería más creíble si no fuera tan selectiva: de las mismas cloacas asomaron la cabeza grupos contraterroristas creados en despachos oficiales, chivatazos vergonzantes a etarras con llamadas hechas desde móviles oficiales, y espionajes con membrete oficial del Sistema Integrado de Interceptación Telefónica que permitían al ministro de Interior de entonces decir aquello de “yo lo sé todo de todos”. En esos casos, las denuncias, las campañas y los programas monográficos brillaron por su ausencia.