TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Verde con pintas, el Júcar

09/03/2020

Nunca pensé que hablaría de los plásticos, que reclamaría que las aguas de los ríos estuviesen libres de plásticos. Nos piden los de Greenpeace, los del impuesto verde, y otros verdes subvencionados que contribuyamos económicamente y de otras maneras a limpiar los océanos y pensemos en verde los de la palmilla verde. ¿Quién no recuerda una gran tortuga entre unas redes de pesca abandonadas? Pero a mi ese plástico o nilón me parecía que era de otros, que contaminaba a otros, ¡que yo no tiro plástico al mar! El Papa también nos exhorta a que seamos más cuidadosos con este planeta en el que vivimos de prestado y que debemos dejar en buen estado para las generaciones venideras, como signo de fraternidad. Y yo me sumo, que debo dejar de ser escéptico y darme cuenta de lo que ocurre: «Veo, luego creo». Yo observo que algo hacemos mal los de Cuenca y los de los pequeños pueblos de la Sierra que no está nada bien, y que hace que este bello planeta en que habitamos este cada día más sucio e inmundo. Después de las lluvias torrenciales (19 al 22 de diciembre de 2019), el Júcar bajo muy crecido, y el desastre no fueron las casas inundadas, el desastre es comprobar la gran cantidad de plásticos que quedaron en la vegetación de la ribera del río, algo escandaloso que cualquiera puede comprobar, y eso que vivimos en una zona despoblada, ¿cuánta gente vive entre Cuenca y el bellísimo nacimiento del Júcar? Bien que nuestro servicio de limpieza haya quitado de las riberas muchos de los plásticos que había. Es un fenómeno que no es exclusivo del Júcar, que lo mismo he visto en las riberas del Guadiela o el Escabas, sin contar las botellas y latas que hay en el fondo de los ríos. ¿Si una de las zonas más despobladas es capaz de producir y tirar fuera de los contenedores de basura tanta porquería, que no tiraran las grandes urbes del mundo? Tenemos un grave problema…
En uno de mis paseos por la Sierra observé que, junto a un bello pueblo, en un camino que ascendía a un mirador había papeles de celulosa (del culo) en muchos rincones, y al volver pregunté en un bar lo extraño del suceso. Supe que procedían de un mozo empeñado en reciclar la m…, como si la celulosa se reciclara fácilmente. Ya podía el susodicho haber utilizado las pequeñas piñas, tan abundantes en los pinares de negrales, y de paso asegurarse una depilación obscurantista, ritual y barata. No ocurre igual junto a los caminos del Júcar donde la naturaleza no disipa los plásticos ni las plastas de los canes. Que miren lo que tales arrojos causan, miren sin temor el contraste de los plásticos que se subieron a las ramas, o esa cosa pegajosa que pudo pisar una dama, y aprendan a disipar nuestros enojos. Para no quedar ciegos dejen de mirar al sol, y contemplen sus fechorías, sin que un deslumbrado mortal quede ciego al momento.
Este artículo lo hago sin querer, y me resulta desagradable, que prefiero la metapoesía para inundar el día mas gris y el más luminoso, la aquiescencia de la noche, y el tumultuoso río por el que me lleva la corriente. Pero la corriente del mundo me ha llevado hoy a las riberas del Júcar, del «verde Júcar» que han cantado tantos poetas, verde con pintas blancas dirían hoy, y río «verde que te quiero verde» que quiero yo. Alguien te malsinó cuando a tus orillas merendó; y algún otro te mancilló, cuando la bolsa del cebo en la sarga dejo; y esa depuradora de pueblo que nunca llegó causa aflicción a los paseantes que este mal tuyo sufren hoy. El Júcar hoy se llena de sombras negras, de cormoranes invasores ávidos de peces, de la incontinencia de los que creyendo disfrutar de la naturaleza no se esmeran en cuidarla, en procurarle un porvenir. Yo he visto puertos de mar más limpios que nuestro Júcar, tan limpios que daba miedo ensuciar para no corromper lo que otros han ayudado a dar majestad, y nosotros que la tenemos no dejamos de mancillar la ribera del Júcar. ¿Qué de nosotros dirán? Un poco más de mierda, (¡perdón! basura) no se notará, matizada de arrebol.
Los plásticos rasgados / hoy nos miden, y de ellos / salen tales destellos, / que no osan ser pintados. / El pintor en ti comparece, / no es verde lo que se ofrece, / ni verde lo que parece, / y consuelo se merece…