TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Prestigio perdido

El problema de la Federación, en esta guerra enconada y eterna con la Liga, no es tanto de gestión como de descrédito: el presidente de la RFEF no puede bajar tanto al barro con ese polemista experto en juego sucio y golpes bajos que parece Javier Tebas. Hablamos de una institución pública frente a una privada, la LFP; de un concepto global del fútbol, del primer árbitro al último niño federado, frente a un lucrativo invento muy particular para 42 equipos… Y Rubiales ha podido acumular aciertos en otras parcelas, pero en tres ha sido un fiasco: el sentido común, la discreción y la gestión de las elites como la selección nacional (cuatro técnicos en menos de dos años: Lopetegui, Hierro, Luis Enrique y Robert Moreno) y Supercopa de España (la dudosa y oscura idea de llevársela a Arabia Saudí).

Es aquí donde emerge la figura de Iker Casillas, que el lunes anunció su candidatura a presidir la Federación. No es un gestor, pero sí uno de los futbolistas más importantes de la historia de nuestro fútbol, y aunque todavía no ha concedido entrevistas como candidato supongo que la frase "recuperar el prestigio de la institución y de nuestro fútbol" será una piedra angular en su proyecto. Hay cosas que funcionan 'solas': gestión de subvenciones ya pactadas, pequeños problemas de base de gestión territorial, etcétera; pero otras, las gordas, las que más se ven, suenan y llaman la atención, son las que han llevado a la RFEF a situaciones ridículas por ese toque tan poco discreto y tan estruendoso que ha aplicado Rubiales a su mandato.

¿Es Casillas la solución? Tal vez no pueda, porque estas asambleas y sus votaciones están tejidas con fortísimos hilos invisibles de promesas susurradas, pero tal vez su irrupción sea una ventana abierta que airee trapos sucios, o al menos olor a cerrado, de los que no puede permitirse una institución tan grande.