TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Ser Ramos

14/02/2020

Todos tuvimos (tenemos) a ese compañero de aula o de trabajo que necesita ser el centro de atención, que habla más alto que nadie, que aprovecha cualquier pequeño silencio para soltar su última ocurrencia, que de alguna manera necesita que lo miren. No es necesariamente un mal tipo. Un psicólogo podría sacarle un quintal de información: que si una falta de afecto en la infancia, que si hay una personalidad endeble bajo tanto afán de protagonismo...

Sergio Ramos es feliz ante los focos, se cree mejor de lo que es (y es muy bueno), se ríe de la crítica, no tiene miedo al ridículo, arriesga donde 99 de cada 100 aconsejan prudencia y hasta diríamos que mete el codo o los tacos en jugadas sin sentido ni peligro aparente para poder salir en la foto.

Cada semana es protagonista. Por un documental, una frivolidad en las redes sociales, otra portada en papel cuché junto a su mediática mujer, un nuevo modelito imposible o corte de pelo; pero también por el centésimo gol o la milésima polémica. No eres el defensa más goleador en activo de la historia de la Liga (Fernando Hierro le aventaja en el ránking global, pero juega con ventaja porque hizo media carrera como centrocampista) ni el jugador más expulsado de la competición por casualidad.

Hace un par de años, cuando empezaban a cristalizar los primeros rumores sobre la salida de Cristiano Ronaldo, un fino analista de la 'cosa' blanca me decía que, aún siendo insustituible, el Real Madrid podría encontrar fórmulas (un nuevo sistema, tal vez) para vivir sin él… algo que no conseguiría hacer si perdiese a Ramos, el corazón del equipo. ¿Y qué ha hecho esta semana, al margen de estar en las tertulias por otro entradón o los insultos tras mandar un beso a la grada? Pues ser Sergio Ramos, ¿les parece poco?



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