CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Se nos fue Cuerda

28/02/2020

Tal vez hablar de José Luis Cuerda sea hablar en clave de excelencia cinematográfica cuando el humor, la ironía, el costumbrismo y la jerga popular tenían claro sentido en cada uno de sus guiones. Siempre recordaré -creo que como todos los españoles de mi generación, la anterior y la posterior-, la película de ‘Amanece, que no es poco’, curioso film que iba a ser una serie para televisión titulada Ab Urbe Cóndita y cuyo primer capítulo empezaba con la misma frase que luego daría título a esta gran obra. Sin embargo, Televisión Española rechazaba aquel proyecto por ser demasiado caro y disparatado de este albaceteño querido por todos.
El director Cuerda era hijo de Abel e Irene y desde temprana edad manifestó su deseo de -como «buen estudiante»- seguir los pasos de su corazón y no los de su mente. Ni siquiera su primeros años por el seminario pudieron doblegar su alma, ni los primeros cursos de Derecho que nunca terminaría, porque en su interior estaba eso de la llamada ‘Escuela de Argüelles’ donde aprendería los mecanismos de la Radiodifusión y Televisión, que tanto le llamaba la atención.
Yo creo que la sátira en España siempre ha tenido buenos maestros. Si cabe como recurso literario que se caracteriza por la utilización del sarcasmo con una intensión lúdica, burlesca o moralizadora en relación a un personaje o una situación y que siempre ha tenido grandes defensores a lo largo de nuestra historia. Aún así, si tuviéramos que remontarnos al punto de vista psicológico vemos que forma parte de la conducta humana, la cual busca ridiculizar a alguien o algo que se convirtió en género literario cuando formó parte de la lengua escrita. Según los especialistas en el campo de la sátira, sus orígenes se remontan a la poesía yámbica en el siglo VII a. de C. en Grecia hasta expandirse por otros elementos de expresión como las artes plásticas y las audiovisuales.
Yo creo que José Luis Cuerda tenía bien asimilado este concepto porque su sátira delirante, la misma que reina en esa gran película ‘Amanece, que no es poco’ del año 1988 o tal vez, en ese ‘Bosque Animado’ del año anterior, nos ofrecen ese humor absurdo que recreará el espíritu del español discutido y embrujado en convencionalismos ausentes o en mecanismos retrógrados. Creo que conocía bien el ambiente de la época y los deseos de cada uno de los españoles.
Pero este gran cineasta nos sorprendió con muchos proyectos extraordinarios. Dirigir ‘La Lengua de las Mariposas’ en esa extraordinaria adaptación de la novela de Manuel Rivas, en el 1999 o dirigir magistralmente a Alfredo Landa en el citado Bosque animado, sin olvidar que ‘La marrana’, ‘Tocando fondo’ o ‘La educación de las hadas’ le encumbrarían como uno de los directores españoles de mayor encomio.
Sin embargo, siempre quedará en la historia como el irónico malversador hispano que nos hizo reír a carcajadas, a veces sin entender sus mensajes, con aquella gran película que encumbraría a la localidad de Ayna y que nos haría sentir el espectro español como la alergia del encanto y del sueño.
Tal vez lo sepa bien, uno de los mejores directores del momento actual, Alejandro Amenábar, su fiel discípulo, al que tanto ayudaría en sus comienzos junto a Ferando Bovaria y Sunmin Park, produciendo la gran película de ‘Los Otros’, además de ‘Tesis’ y ‘Abre los ojos’. Todo un ideario de lo que es el buen cine, mientras alternaba con sus visitas entre Albacete, su tierra natal, y Galicia, para degustar sus caldos vinícolas de la bodega Sanclodio. Ese es nuestro cineasta, el que ha sabido dar su pincelada magistral a un cine diferente.