Miguel Romero


En San Andrés, la Semana Santa suena a dos voces

24/03/2021

¡Qué triste pandemia¡ No sabemos cuándo ni cómo podremos reincorporarnos a nuestra vida normal, buscando nuevamente respuestas a una vida de causas y casualidades, pues ya casi no nos acordamos de cómo pasan los Pasos -que singular redundancia-, ni cómo suenas las horquillas, ni que renacer tiene ese «Miserere de Pradas», bello porque sí, auténtico y procesional, donde el corazón semansantero de la Cuenca pasional se yergue ante la adversidad y el desencanto.
¡Ea, ea y ea¡, serían las voces a escuchar porque para qué disentir si no podemos hacer nada más, si no podemos ir contra la realidad donde la salud del cuerpo humano es la que debe de mandar. ¡A callar y a esperar¡, qué razón hay en esta exclamación, a esperar porque en esa Esperanza con mayúsculas, topónimo de nuestras bellas Vírgenes, debe de estar la solución de seguir manteniendo vivo el espíritu del cofrade, de la Hermandad como sentimiento y de nuestro deseo de seguir siendo Nazareno con mayúscula.
Ahora, la iglesia de San Andrés, en ese caminar de la Calle del Peso, Solera, Madre de Dios, plaza del escultor, el Salvador y San Felipe, ahí, donde el cruce de las andas rechinan a su paso, rozando tulipas y faroles, ahí, la Junta de Cofradías ha expuesto -con acierto y organización perfecta- la extraordinaria colección de Carteles de nuestra Semana Santa, y al lado, el sonido se abre ante los pregones de nuestros Pregoneros de postín -¡qué suerte, yo he sido uno de ellos¡- porque esta iglesia del casco viejo es semasantera por historia. Visitarla, de verdad.
En esta iglesia, donde la nave está dividida en tres tramos, por medio de columnas adosadas al muro y cuya portada está bien compuesta, aunque la destrucción de las jambas ha dañado sus proporciones. Iglesia original en su estructura, adaptada al espacio y concebida como si fuera un templete superpuesto a una portada, en el que para conseguir este efecto se han colocado los aletones, que unen los dos cuerpos en que se articula la portada, detrás de las bolas.
En su interior, la situación de la sacristía, detrás del altar, supone una gran novedad; aunque ello obligue al Arquitecto a cortar el pilar, el cual arranca de una ménsula apoyada en un fino baquetón, que es un tipo de soporte muy utilizado por Pedro de Alviz, su gran maestro como arquitecto y como tracista..
En el presbiterio se voltean unos arcos entre las columnas y, sobre ellos, se rasgan las ventanas, que son de medio punto.
Alviz y Arnani levantaron los muros del edificio que no llegaron a cerrar. A un arquitecto como Alviz, que estaba acostumbrado a manejar soluciones góticas, cubrir un edificio con los tramos asimétricos indudablemente le planteaba un problema de muy difícil solución. De hecho, hasta muchos años después, la iglesia no se abovedó. Hasta fines del siglo XVI y principios del XVII no se tendió la bóveda del presbiterio. Y las de los dos tramos de la nave no se hicieron hasta el último tercio del siglo XVII, siglo en que también se rasgaron en el muro las ventanas correspondientes a esos dos tramos.
Por eso, ahora, te recibe como templo patrimonial, en hechura arquitectónica e histórica; y lo hace, con una magna exposición para sentir, soñar, reivindicar, desear y creer en nuestro internacional y sentida Semana Santa de Cuenca.