TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


'Eh-lecciones'... ¡en Cuenca, no!

Uno habló de Machado sin saber lo que dijo de él: El hombre es sólo rico en hipocresía. / En sus diez mil disfraces para engañar confía; / y con la doble llave que guarda su mansión / para la ajena hace ganzúa de ladrón. Venden promesas que son humo. Caducan tras las elecciones creyendo que tenemos memoria de pez. Yo, cuando puedo, elijo del menú del día lo que me gusta y conviene a mi salud. Al comprar ropa casi todos elegimos aquella que mejor nos queda para ir al banquete o al trabajo, para hacer deporte o gustar al consorte en la intimidad, y elegimos la marca cuando podemos. Lo normal es elegir la ropa que más nos favorece, la que hace que no nos vea ridículo nuestro hijo o el vecino. Hasta en el rastrillo se remira, que en España sí o sí es el lugar para comprar de lo barato, como se decía en la Edad Media cuando iban las clases menos pudientes a la taberna a beber vino de lo barato. España es en elecciones como un rastrillo, como el del serranía, como el de cualquier pueblo, o el de Betel, y la gente busca gangas casi inexistentes, como en el outlet o los factories de marcas conocidas. Muchos adquirirán por fidelidad una marca aunque la calidad sea peor, o aunque no quede talla que les favorezca. En España, no obstante, las marcas más ridículas algunos las elegirán, pero no siempre la que más gusta a muchos es  más conveniente. Se vota como si no nos quisiéramos, sin pensar en el futuro. Hay muchos vende patrias que prefieren el vino joven antes que el de solera reconocida, sin molestarse en probar si está uno u otro avinagrado. Algunos engordaron con el queso barato de Chaves y ahora prefieren el manchego. Son como yo, que prefiero el agua con gas de Perrier antes que la Vichy desde que a los camiones del agua de Solán no les dejan entrar a cargar al almacén de Vichy si van rotulados con el logo del Solán. 
El mitinero viene a vernos cuando nos necesita, y no aparece cuando lo necesitamos. Menos eslóganes y más realidades, menos carteles electorales y más números reales, que podamos comparar lo que se han gastado en Cuenca respecto a otras provincias castellano-manchegas, que veamos quien despuebla más, o si lo que dicen es verdad o publicidad engañosa. Debemos saber los sueldos que dependen de las diferentes administraciones, o lo que cuesta limpiar las teclas del parquímetro. Quiero saber en qué se gasta el dinero del trasvase del Tajo. Los serranos y alcarreños quieren saber porque pagan los mismos impuestos teniendo menos servicios. Queremos saber porque en Cuenca tenemos un hospital y en otras provincias tres y encima nos quitan camas para otros, y que nadie nos engañe que un hospital genera riqueza y trabajo, justo lo que más falta nos hace. Franco les dio una oportunidad y el polígono Campollano a los de Albacete siendo pocos, y ahora aquí con desvergüenza aplican criterios de población para no hacer inversiones. Pocos somos y menos les importamos. Pongan autovía a Teruel y Albacete y verán si crecemos, hasta puede que la flor y nata de la juventud de Cuenca no tenga que emigrar. No digo hoy nada que no haya dicho, y siéndoles sinceros creo que da igual lo que exponga: lo he comprobado otras veces. Déjennos en Cuenca con nuestros soliloquios, con nuestras cosillas y el chorra, con el ea, y el agua del Júcar que de momento pasa por Cuenca. Déjennos con la Semana Santa y la Vaquilla, con nuestra parte de la Mancha, con Priego y Huete, con Cañete y Mira, con Valeria y Segóbriga. Tenemos agua serrana, campos de girasol, bosques y olivos, a Cervantes que pasó por Cuenca y vivió en la Serranía por la que cruzó Don Quijote. Déjennos sin sus promesas, que preferimos las realidades, y cualquiera de las dichas y otras innumerables hacen de esta tierra lo mejor de Castilla. Valemos más que cualquiera de sus promesas. Que brinden con nuestro vino barato, o con el carísimo que está en Pedroñeras. Nosotros manifestaremos nuestras preocupaciones y malestar mientras mojamos pan en el aceite insuperable de la Alcarria. Con miel haremos arrope para endulzar lo amargo de nuestro presente. En el verano una siesta junto al rio vale más que cualquiera de sus ofertas, sestearemos y cuando hagan algo por nosotros despiértennos. Zzzz.