NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Vigilados

Debo ser muy mayor ya pero a mí me enseñaron que no seremos capaces de saber bien a dónde vamos sin saber de dónde venimos. O algo así. Tenemos muchas dudas aún de nuestro propio origen. Solo parece estar claro que se sitúa en África. A partir de ahí las opiniones difieren, aunque el humedal localizado en Botsuana parece llevarse más papeletas. ¿Y ahora qué?
No me digan que no les inquietó conocer que el propio Instituto Nacional de Estadística utilizará nuestros datos móviles para conocer los movimientos de la población española. Será en noviembre, y se hará gracias a un acuerdo “pionero” con las principales operadoras de telefonía del país. Eso sí, se apresuraron a aclarar que los datos serán anónimos, es decir, que seguirán los movimientos de los terminales, pero sin nombres ni apellidos.
El objetivo es determinar la mejor fórmula para establecer las comunicaciones entre los territorios, convenios de transportes entre comunidades, mejoras en las infraestructuras. Una información que se antoja más que útil para ayuntamientos y comunidades que comparten frontera ya que el estudio podrá determinar la población fija y la población flotante de un territorio, o cuánta gente de Toledo se desplaza a Madrid para trabajar -o a la inversa- cada día. Viendo cómo está esa carretera todos los días no quisiera estar en la piel del que tenga que contar todos esos movimientos. Sí, ya sé que la inteligencia artificial se encargará de hacer eso, pero ahí está lo inquietante, que hay muy pocos que saben cómo funciona o dónde se produce “la magia” informática, pero sin embargo son muchos los que saben dónde y cómo nos movemos. Hasta lo que decimos.
Está claro que eso es posible porque hemos dado nuestro consentimiento. Hemos cedido parcelas de nuestra vida por la comodidad de que nos digan la ruta más corta de casa al trabajo, y evitando los atascos encima; la gasolinera más cercana, o el restaurante con mejor valoración en nuestro radio de acción. Eso no puede ser gratis. ¿O sí?
No me interpreten mal, abogo por el progreso y defiendo lo bueno que nos han traído las nuevas tecnologías en nuestro día a día. Hay quien dice que cada vez nos esclavizan más, pero yo creo que es más lo bueno que lo malo lo que nos han aportado.
No obstante, algo debemos estar haciendo mal cuando hay avances tecnológicos en el campo de la salud que no somos capaces de incorporar a nuestros hospitales, a nuestros análisis, a nuestros tratamientos -sin que sea a precios desorbitados-, a nuestra vida diaria en definitiva, mientras que en otros campos las innovaciones se producen a tal velocidad de vértigo que nos vemos obligados a ir tirando del freno de emergencia legislativo para evitar la colisión. ¿Con qué? Con nuestros derechos, nuestra intimidad, nuestros hábitos y nuestra tranquilidad.