EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Juan Manuel Pérez Hernández

Conocí a Juan Manuel en su casa de Cabrejas del Pinar, en Soria, empeñado en pintar el exacto color negro con brillos violáceos del pelaje de una vaca Negra Serrana, raza autóctona de aquella zona en peligro de extinción, que se está tratando de recuperar. Luego compartimos la placidez de la noche fresca de Cabrejas, junto a la silueta del castillo que se dibujaba en el contraluz de la iluminación del pueblo, mientras nos parecía escuchar el rumor cercano de las huestes de Almanzor camino de Calatañazor.
Juan Manuel Pérez Hernández, este hombre tranquilo que transmite con su serena presencia y con su obra pictórica las virtudes y características más peculiares y originales de la personalidad subyacente en el carácter soriano; imaginación, sensibilidad, raciocinio, voluntad y modestia, llega al Museo Municipal de Albacete con una magnífica exposición que podremos disfrutar desde la inauguración de hoy mismo, día 3 de octubre, a partir de las 20:00 horas, hasta el próximo día 3 de noviembre. 
Si sorprende Juan Manuel por su variedad de estilos pictóricos, que domina a la perfección, ya verán sus pinturas relacionadas con el sector cárnico, desde escenas tradicionales en el tratamiento y elaboración de productos cárnicos, hasta bodegones o platos que contienen este producto pasando por procesos y situaciones curiosas que en alguno de sus óleos recogen indudables reminiscencias de Velázquez. De hecho, un buen catálogo de la obra del pintor Juan Manuel Pérez Hernández está en el conjunto de algunas de las portadas de ‘Eurocarne’, revista internacional del sector de la industria cárnica, con la que Juan Manuel suele colaborar aportando su maestría. 
En el magnífico catálogo de la exposición que se inicia, nos habla Juan Manuel del proceso creativo, del reflejo de los sentimientos, de la realidad observada con curiosidad y fascinación para plasmarla luego en los cuadros impregnándola de la emoción personalísima que les aporta. También su propio relato en el catálogo, sobre la pasión autodidáctica, sobre su amistad con Antonio López y con Julio López Hernández, así como el prólogo de Luis Mayo; ‘Juan Manuel Pérez Hernández, a hombros de Gigantes’, nos amplia la percepción visual de sus cuadros para entender mejor la obra que nos presenta. 
Y no olviden llevarse a la exposición una buena hogaza de pan para acompañarla con los torreznos que aparecen en una de sus pinturas, con jamón serrano, chuletas a la brasa o huevos con chorizo. Como Meléndez, dice Mayo, «también Pérez Hernández usa los pinceles de modo que casi se pueden comer sus viandas pintadas».
E indaguen, finalmente, por el sentido de ese repollo enigmático colgando en la magnífica pintura titulada ‘¿Hasta cuándo?’, mientras la cocinera espera que caiga con la cacerola preparada, y que sirve de portada del catálogo y de cartel anunciador de la exposición.