CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Una caja de bombas

Si hemos de ser descriptivos, levantemos acta de que el recuento electoral de la noche del domingo es una caja de bombas. El hundimiento de Ciudadanos (centralidad gravemente herida) y la consiguiente dimisión de su líder, Albert Rivera, solo es una de las que ya han estallado. 
Respecto al hambre atrasada de estabilidad, sufrida por los españoles desde diciembre de 2015, hay algunas combinaciones matemáticamente factibles, pero todas son políticamente malas. O inverosímiles, si se prefiere. 
Si se trata de ser valorativos entonces hemos de constatar daños suplementarios, cercanos al siniestro total, en el crédito de la clase política, que ya venía siendo vista como la segunda desgracia nacional, inmediatamente detrás del paro. 
El efecto visible es la ingobernabilidad. Todas las salidas a izquierda y derecha tienen graves contraindicaciones, empezando por la insuficiencia de las sumas. Por tanto, no nos extrañe que entre finos analistas empiecen a aparecer soluciones dictadas por la razón de Estado, incluida la del gobierno de salvación nacional. Sobrarían motivos. 
Reparemos en este: el retroceso de la moderación y el avance de la crispación. Se achica el espacio de la política comprometida con el orden constitucional y se ensancha el de fuerzas desafectas con el sistema del 78. Echen ustedes cuentas y verán que hay más de un tercio de diputados de discutible apego a la Constitución (Vox, nacionalistas, Podemos). 
La situación interpela directamente a las fuerzas que funcionan como pilares centrales del sistema. PSOE por la izquierda y PP por la derecha. Sánchez y Casado tienen ocasión de demostrar que la razón de Estado está por encima de sus respectivos cálculos de partido o de liderazgo. Incluida la posibilidad de que el precio de la complicidad del segundo será la caída del primero. 
No lo descartemos si llega el caso de que los intereses de mayor cuantía muevan al PP, que ha mejorado su facturación pero no es el partido ganador, a revisar su "no es no" a cualquier tipo de cooperación con el PSOE. Es lógico que, de momento, con el recuento del domingo aún caliente, los dirigentes de la calle Génova concentren sus ataques en Sánchez, como responsable de una repetición electoral que empeoró la situación de bloqueo, y se muestren evasivos ante las hipótesis derivadas de la emergencia nacional diseñada en el resultado del 10-N. Antes o después han de afrontar el reto de rescatar a España de la tela de araña en la que se ha metido la política nacional. 
Repetir las elecciones para volver a las andadas, empeorando la mejora calculada por los guionistas de Sánchez, ha sido como hacer un pan de obleas, al hilo de lo que comenté en una de mis últimas columnas, cuando ya se veía venir que iríamos a peor.  



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