TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


¿De quién?

22/04/2021

De las mil opiniones (995 contrarias) sobre la Superliga que hemos coleccionado estos días de frenesí, hay una que ha pasado más o menos desapercibida por su brevedad, porque es un habitual de los focos y las polémicas y no se le hace ya demasiado caso, porque se trata de un ex jugador ya alejado del gran circo y la rueda que nunca frena y porque, demonios, ha sido imposible hacerles caso a todas ellas. Era Eric Cantona, diciendo claramente que «el fútbol que estamos viendo es una mierda (sic) porque le falta pasión… y eso sólo se consigue con público». Era un mensaje de ésos que terminan en la cabeza del espectador, estilo: ¿cómo pueden tomarse decisiones tan brutales como la de la Superliga sin tener en cuenta qué piensan los socios, la afición, lo que da colorido y popularidad al juego de juegos?

La presión popular ha sido decisiva para cortarle la cabeza al dragón (nota aclaratoria: en Inglaterra. Aquí hemos dado bastante penita: el madridismo uña y carne con su presidente, el barcelonismo agarrados a 'la pela es la pela' y los atléticos orgullosos, «miradme, soy uno de los grandes y me invitan»). Así que toca preguntarse: entonces, ¿de quién es el fútbol? Si hablamos del juego, es de los futbolistas. Si hablamos del negocio, de los dirigentes. Pero si hablamos del espectáculo, de la emoción (a veces incomprensible) que lo ha convertido en el deporte más popular del planeta, el fútbol es de los aficionados. Un forofo ve pasar jugadores, técnicos y dirigentes, pero él sigue aquí, como el escudo. Y olvidarse de él para la toma de decisiones tan importantes ha sido el principal pecado en este juego de vanidades que ha estallado en dos días. Como los taquillajes ya son partidas minoritarias en los presupuestos de los clubes de elite (la televisión y los patrocinios mandan mucho) a los jerifaltes se les olvida que el fútbol se juega en el verde, pero se vive en la grada.