Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Pedro Sánchez y la Diada

13/09/2021

Más que el independentismo, pierde fuelle Puigdemont, que representa el independentismo más radical, el irredento. Con el tiempo se advierte tanto en Junqueras como en Aragonés que defienden a capa y espada su independentismo pero aceptarían aparcar las fórmulas más agresivas para ir dando pasos poco a poco, en busca de una reforma constitucional que diera alas a sus expectativas de escisión. Y, mientras, ir avanzando en el autogobierno.

Que "Madrid", el gobierno central lo ocupe quien lo ocupe, pueda aceptar la independencia de parte de su territorio es difícil que ocurra, porque significaría la desintegración gradual de España. Pero lo que se visualiza ya es que el independentismo sufre una división interna profunda e irreversible, provocada por la ambición y egolatría desmedidas de Puigdemont, que le impiden asumir que desde Waterloo, donde se ha instalado tras su fuga, irá perdiendo entidad para marcar el futuro de Cataluña, por mucho que ahora un puñado de incondicionales todavía den la batalla contra ERC, Junqueras y Pere Aragonès.

La Diada del 2021 pasará a la historia como una fecha en la que se hizo evidente la pérdida de terreno del independentismo más encarnizado. Con una participación menor de la que esperaban sus organizadores, incluso los ataques a la sede de la Policía Nacional en Barcelona fueron menos agresivos que en ocasiones anteriores. Se advierte una especie de hartazgo hacia las luchas intestinas entre Junts, ERC y la CUP, las consecuencias económicas y sociales de esas luchas. La última, la retirada de financiación para la ampliación del Prat, que supone el fin de las expectativas de muchas empresas catalanas, por no hablar de la pérdida de 80 mil puestos de trabajo. También hay preocupación por las consecuencias de la falta de confianza de los inversores nacionales y extranjeros hacia Cataluña, la fuga de muchos de sus figuras económicas, intelectuales y culturales, y el deterioro generalizado de la calidad de vida en Cataluña.

Para Pedro Sánchez la Diada del 21 tiene una interpretación positiva: la ruptura del independentismo le da juego para aplazar las exigencias más apremiantes de sus dirigentes, enfrascados en la lucha por ver quién lleva la voz cantante en las negociaciones con el gobierno y marca las prioridades. Segundo, Cataluña divide a los socios del gobierno: Podemos y En Comú mantienen posiciones distintas de las que defienden los socialistas, como se ha visto en el Prat y también en la insistencia de celebrar un referéndum, aunque ellos –dicen- pedirían el voto contra la independencia. Pero esa postura de Podemos, que además atraviesa un momento complicado con Belarra y Montero demostrando a diario su falta de entidad, provoca que sea difícil encontrar un partido al que votar en la izquierda, más allá del PSOE.

Las próximas elecciones serían un paseo militar para Sánchez si no fuera por el rechazo que provocan la demagogia y la irresponsabilidad que impregnan la mayoría de sus iniciativas políticas.