DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


La parodia

Los políticos catalanes hace tiempo que han convertido la vida de su comunidad autónoma en un permanente vodevil. Este verano me he aproximado a lo que es un gran descubrimiento. Todavía no sé cómo he podido soportar todos estos años de visitas continuas a Barcelona sin saber nada de su existencia. He hablado ya alguna vez de ella. Se llama Ana Menéndez y es presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. Bueno, de las vecinas y de los vecinos; ya saben que en los asuntos del lenguaje no hay sitio para colocar a tanto cretino. Y cretina. A esta buena mujer, como a otros muchos barceloneses, le molestan los turistas. Pero en lugar de proponer una regulación que evite los problemas, su teoría pasa por decirles que no vengan. A los que ya estén les pide que no cuenten lo que vean, no vaya a ser que el boca a boca multiplique las visitas.
El verano nos ha dejado también un llamamiento en forma de súplica cómica. Con el Gobierno en funciones, el Ejecutivo de Pedro Sánchez insiste en que no puede pagar el dinero que adeuda a las comunidades autónomas. Esto no es un problema exclusivo de Cataluña, pero lo del llorar y mamar lo conocen a la perfección, de ahí que sean los que más ruido estén haciendo, incluido su recurso a la Justicia que tanto detestan, sobre todo, cuando no les dan la razón. Lo curioso es cuando el vicepresidente de la Generalitat, el republicano Pere Aragonés, pide un frente común al resto de comunidades autónomas. ¿En qué quedamos? ¿Somos o no somos autosuficientes? Las mismas regiones que desprecian Aragonés y los suyos en el permanente alarde de superioridad luego son a las que recurrimos para comprobar si el conjunto hace más fuerza que la individualidad. Al final, todo empieza y termina en lo mismo.
La caricatura en la que ha derivado la comunidad más rica y pujante de toda España no se entiende sin el problema de inseguridad que sufre Barcelona. La teoría de los separatistas y de Colau es tan conspirativa como falsa. Tomen nota: Como el suflé del separatismo se ha relajado hasta que se conozca la sentencia, desde Madrid se inventan que están aumentando los delitos en la Ciudad Condal, todo para hacer daño a una región a la que el resto odian con todas sus fuerzas. Poco importan los datos y el aumento de los delitos, cifras que, por cierto, no elabora el Ministerio del Interior. Todo menos asumir responsabilidades y reconocer que durante cuatro años se ha hecho la vista gorda a incumplimientos flagrantes de la ley que han provocado una sensación de impunidad muy bien aprovechada por los malos. A esto hay que añadir la entrada del PSC en el equipo de Gobierno, con un concejal de Seguridad responsable como es Albert Batlle. Del infausto Pisarello, argentino promocionado por Colau, mejor no acordarse. Que lo aguanten en el Congreso.
El último capítulo de esta comedia permanente -con tintes de tragedia en muchos momentos- se ha vivido durante la Diada. Al españolazo Rafael Casanovas, los separatistas le dejan flores, en una tergiversación más de la historia. Fue conseller en cap de Barcelona entre 1713 y 1714 y se le considera un símbolo por su defensa de las instituciones catalanas durante la Guerra de Sucesión, omitiendo siempre que luchó por la libertad de todos los españoles. Los separatistas andan muy ofendiditos porque dos personas pusieron desde un hotel cercano el himno de España a todo volumen mientras realizaban la ofrenda a Casanovas. Qué poco humor. ¿En qué quedamos? Si defendemos que es libertad de expresión pitar el himno de todos los españoles durante la final de la Copa del Rey, el argumento vale también para esto. Si no, que siga la parodia.


Las más vistas

Opinión

Hotel Alfonso VIII

El paso de los años hizo que, al margen de visitas esporádicas, dos espacios de ese lugar se convirtiesen en rincones especiales para mí