TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Sánchez, del 8-M al 8-M... y sigue ganando

08/03/2021

Andamos todos estos días rememorando, con evidente tristeza, cuanto nos ha ocurrido en los últimos doce infaustos meses que nos ha tocado vivir, y suerte que hemos podido, al menos, vivirlos. De aquel 8 de marzo que usted recuerda sin duda con espanto, del año pasado a este, en el que constatamos que las cosas son muy distintas y no diría yo que mejores. Ha habido de todo: una patente mala gestión de la pandemia -claro que no hemos sido los únicos malos gestores en Europa-; una enorme crisis en la separación de poderes; un hermetismo absoluto desde un Ejecutivo cada día más partido en dos (y, si no, fíjese sin más en la pugna Calvo-Montero con el Día Internacional de la Mujer como fondo): un terremoto en las instituciones, comenzando por la primera del país... No diré que Pedro Sánchez sea el único, ni siquiera el principal, culpable de todo esto que el virus ha agravado; solo diré que es el único que sale claramente beneficiado de este año de llantos, temores, sufrimiento y angustias económicas.

No he encontrado un solo experto demoscópico capaz de explicarme por qué Pedro Sánchez sigue saliendo victorioso en las encuestas, aun cuando su peligroso socio se hunde un poco más en cada de ellas, o quizá sobre todo por eso. Puede que a los gurús de las encuestas les ocurra lo mismo que Galbraith achacaba con humor a los economistas: son muy capaces de explicar brillantemente por qué se equivocaron en sus predicciones. Sin embargo, cuando los sondeos, desde el CIS a algunos de muestra bastante insuficiente, indican los mismos parámetros generales, más vale empezar a creer que las cosas van por el camino que muestran: y lo que muestran es que, en el año más terrible de nuestras vidas, Pero Sánchez no ha visto disminuir de un modo apreciable su popularidad y los demás, casi todos los demás, sí.

Comentaba un amigo sabio que, cuando alguien asciende en la vida, es porque los demás, menos capacitados, le dejan un hueco. Hoy, nos encontramos con Pedro Sánchez como el único valladar capaz de sostener a la Monarquía, independientemente de que su alma sea o no republicana, y lo vamos a constatar nuevamente este jueves, cuando ceda el protagonismo al Rey en el homenaje a las víctimas del 11-m, protagonismo que no le cedió en el último homenaje a las víctimas de ETA con el episodio aquel en el que solo le faltó conducir él mismo la apisonadora de las armas 'fake'.

Él lo acapara todo, escribe sus proclamas electoralistas en los periódicos dominicales sin rebozo, se arroga triunfos que corresponden a la lucha de la sociedad civil, que esa sí que está en los ERTE y en los PERTE. Mientras, la oposición templada de Pablo Casado -de la otra mejor no hablo- parece incapaz de salir de sus rencillas intestinas y plantar una cara constructiva a lo que podría llegar a ser un desastre democrático.

Bien sabe Pedro Sánchez, y mejor que él lo sabe su cada día más poderoso asesor áulico, que en política las apariencias cuentan tanto como los hechos y que más vale, contra la máxima que alude al César, parecer honrado que serlo en realidad. A Sánchez hemos de reconocerle muchas cosas en ese sentido: hasta ha logrado que una parte considerable de la población le considere, además del único clavo ardiendo que le queda a la forma del Estado, el 'poli bueno' en el Gobierno que defiende al menos una cierta sensatez frente al 'poli malo' anclado en la vicepresidencia segunda de ese mismo Gobierno. ¿Cuánto tiempo podrá seguir utilizando al líder morado, cada día más desprestigiado, como pararrayos?

Pues esa es la pregunta: cuántos 8-m más le quedan al Sánchez triunfante, al Sánchez que ya ha arbitrado incluso cómo repartir sin demasiadas fiscalizaciones los dineros europeos, dejando en manos del ya casi omnipotente Iván Redondo el control de la sala de máquinas, mientras él se fotografía al timón del velero ganador y deja que retraten a Iglesias como el grumete holgazán, desaliñado y algo y tramposo que toda tripulación, qué le vamos a hacer, tiene.