LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


La primavera isabelina

18/03/2021

Isabel la Católica conquistó Granada, hizo la nación con Fernando y descubrió América. Isabel II conquistó a los generales, se folló a los espadones y trajo el agua a Madrid. Isabel III -por qué no va a ser reina si Iglesias es presidente de república- trae la libertad, el colmillo fino y pone los huevos. Hubo alguna entre medias como La Chata, hija de Isabel II, la Isabelona, pero se quedó a las puertas cuando nació su hermano Alfonso. La ley sálica, que sigue rigiendo para vergüenza nuestra. Esta de ahora los de izquierda la llaman IDA, aprovechando su acrónimo, aunque de tonta no tiene un pelo. Ya ha dicho que España le debe una, al haber sacado a Iglesias de Moncloa. No sabe nada la niña, que ha cambiado el lema cuando vio que el Coletas volvía a la sierra como el Ché. Comunismo o libertad. Qué fatiga defender las esencias 24/7, como dicen ahora los jóvenes.
Que en pleno siglo XXI estemos todavía con lo del fascismo y comunismo debiera sonrojar a una sociedad contemporánea y avanzada. No puedo creer que los dos grandes totalitarismos del XX estén vivos todavía. Uno coarta la libertad por arriba y el otro lo hace por abajo, pero reducen al hombre a una piltrafa, un medio, la nada. La culpa es de las democracias liberales, que no han tenido demócratas aguerridos que la hayan defendido, bien en su variante plenamente liberal o socialdemócrata. Las dos grandes familias de la segunda mitad del siglo XX, lejos de exhibir con orgullo su gran triunfo histórico, han agachado las orejas, se han enfrentado entre ellas y les ha dado vergüenza. Si leyeran más la Biblia, espabilarían. No está hecha la luz para colocarla bajo la mesa.
Ahora Ayuso e Iglesias reeditan viejas batallas perdidas. Dicen que eran amigos en La Tuerka, cuando la primera iba a las tertulias del segundo. Se colige incluso que salían de cañas, lo cual es para agarrarse a la mesa conociendo al Macho Alfa. Supongo, imagino, que Isabel optaría en ese trance por hacerse Juana la Loca y recluirse en un monasterio antes que caer en brazos de Felipe el Hermoso. La vida tiene estas cosas, que no para de dar vueltas como un tiovivo o una noria.
La batalla de Madrid viene con tintes terribles, apocalípticos, que diría Piqueras. Van a fundir los cañones para la munición, como se hace en las guerras sin final. Menos mal que ahora las balas son de papel o circulan por Internet, pero hay cierta vesania en los contrincantes. Ambos nacieron el mismo día del mismo año, como si hubiesen venido al mundo para enfrentarse en la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso.
La fatiga de Madrid nos entretendrá marzo y abril, el tiempo en el que las violetas aparecen como aves precursoras de primavera. Solo faltaba Antonia cantando en la Gran Vía. Me aburre soberanamente el toque guerracivilista que se le da a todo esto. Más que aburrirme, me hastía, hace daño, melancolía. Qué hemos hecho para merecer esto después de una Transición modélica en medio mundo. No salimos del ‘no pasarán’ y el ‘ya hemos pasao’. Faltan Millán Astray y Celia Gámez en la barra de Chicote. Todo se andará. Gabilondo es un Besteiro esperando a ver qué pasa. Iglesias se cree Buenaventura Durruti por la carretera de la Coruña atacando el fascismo. La otra, Primo de Rivera, en el Teatro Español. Por seguir con los paralelismos, ambos murieron el mismo día del mismo año. ¡Joder con la Historia!