MIS RAZONES

Pilar Gómez


Los riesgos de la nueva etapa

08/06/2020

Lo llaman ‘nueva normalidad’, quizás para quitarle hierro a la inquietud que despierta la nueva era en la que nos adentramos. A punto de culminar todas las fases del estado de alarma impuesto por el Gobierno, el más severo y draconiano de nuestro entorno europeo, superado tan sólo por Chipre, es bueno hacer algunas reflexiones sobre lo que nos vamos a encontrar.
Circulan alegremente teorías científicas de todo tipo y condición. Desde las que se refieren a que el virus ha perdido fuerza de contagio, por el calor de la estación estival u otras circunstancias, a las que esgrimen el permanente riesgo del rebrote en otoño, por no mencionar otras más singulares sobre la mutación inesperada del elemento agresor en forma de inexplicables enfermedades que no respetarían sexo ni edades.
Lo que está fuera de toda duda, lo que está en nuestra mano, es mucho más elemental y simple. Mientras no haya vacuna, lo que no ocurrirá en forma inmediata, es preciso moverse con pies de plomo y no abandonarse en brazos de la insensatez. El sida, más letal pero menos contagioso que el Covid-16, sigue entre nosotros, aunque afortunadamente no causa la mortandad de años anteriores.
Convivir con el Covid, mientras esté ahí, intratable, será primera condición de la anunciada ‘normalidad’. El Gobierno desplegará medidas para esta etapa por llegar el próximo martes. Mascarillas, distancia física, a saber... Cabe confiar en que no incurra ahora en actitudes anteriores, como aprovechar la excepcionalidad de la norma para aprobar iniciativas políticas que nada tienen que ver con la epidemia. Un manejo detestable de una situación excepcional, que le ha valido el reproche de algunas instancias del ámbito europeo.
Hay una notable sensación de alivio en nuestra sociedad, después de tres meses de angustia y dolor. Habrá que confiar en que el aterrizaje en esta fase definitiva de la epidemia se lleve a cabo con prudencia y sin contratiempos severos. Se han registrado ya algunos brotes aislados debito exclusivamente a actitudes poco cívicas y nada solidarias. De nosotros depende.