RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


La nueva subnormalidad

13/06/2020

Sobre la nueva normalidad no lo tengo claro porque todavía no ha terminado de acomodarse, pero la nueva subnormalidad circula ya rampante y se parece mucho a la vieja. Estamos con las mismas de siempre. Hemos abierto un frente para encontrar responsables como si se hubiese acabado la pandemia. Queremos hacerlos desfilar por tribunales que no ofrecen ninguna garantía (los mediáticos) antes de arrastrarlos a los de verdad. Ansiamos brea y plumas, escarnio, ejecuciones públicas y tiros en la nuca.
En el último brote de Ébola en África Occidental cientos de médicos y enfermeras salieron corriendo. Pensaron que no les merecía la pena jugarse la vida a cara o cruz por un salario que tampoco era para tirar cohetes. Sabían que nadie iba a agradecérselo si sobrevivían. Aquí se evitaron deserciones incluso en aquellos hospitales donde los galenos tuvieron que batirse contra el virus con las manos casi desnudas. Les engañamos con lo de los aplausos. Para volver enseguida a las andadas.
La última batalla propagandística es cuestionar por qué dejaron morir a los ancianos en las residencias. Sin ni siquiera plantear dónde podrían haber estado mejor. ¿En las salas de espera abarrotadas de los hospitales? ¿En los domicilios de sus hijos? Cuestionamos los triajes, nos rasgamos las vestiduras al descubrir una práctica que lleva siglos funcionado: priorizar a los pacientes que tienen más posibilidades de salir con vida. Si prosperan las antorchas, nos merecemos una segunda oleada en la que todas las UCI estén ocupadas por ancianos con patologías previas sin posibilidades de salir con vida. Mientras el resto boqueamos hasta la muerte en las salas de espera. Y sin sedativos.