DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Canto de esperanza

24/04/2020

Pablo Iglesias juega al despiste con su chaqueta de Zara y, mientras andamos enredados con su estética, el plan sigue su curso. ¿Acaso alguien se cree que le importa mucho que le cuestionen su descuidada indumentaria? No se alteró lo más mínimo cuando traicionó a los más podemistas de Podemos con la ventajosa adquisición del casoplón de Galapagar, se va a despeinar ahora por llevar una prenda de ese empresario tan odiado por él y los suyos. No se ruboriza al criticar a quien da empleo a más de 150.000 trabajadores y dona millones de euros a la sanidad pública y a otros fines sociales, mucho menos por llevar una chaqueta suya. Esa holgada prenda en la que no deja de colocarse medallas es solo una parte más de la performance continua a la que nos tiene sometidos.

Todo tiene un guion perfectamente diseñado y no sería de extrañar que el desaguisado que ha rodeado la salida de los niños a partir del domingo no estuviera también preparado. Se lanza un globo sonda incendiario, dejamos que el barco comience a hundirse y cuando está a punto de sumergirse llega un salvador -no hablamos de Illa- cuya amplia chaqueta es nuestro salvavidas. Más medallas y, de paso, Iglesias deja claro el poder que tiene dentro del Gobierno. Gracias a él, millones de niños podrán salir a partir de este domingo. Los pequeños y sus padres. La próxima será pedirnos que los aplausos de cada tarde vayan dirigidos a su gestión. ¿Acaso alguien cree que al vicepresidente le importan mucho las críticas por apropiarse de una rectificación salvadora que va a permitir a nuestros hijos -y a los padres- salir en condiciones mucho más ventajosas que las planteadas por la ministra Montero?

Seguimos despistados entre la bisutería y nuestro salvador particular nos las sigue colocando sin apenas dolor. La vaselina anunciada por el presidente Page parece que está teniendo el efecto deseado. Los altavoces mediáticos que tan bien maneja Iglesias nos han vendido que su portavoz en la Asamblea de Madrid ha sido condenada a 19 meses de cárcel por intentar paralizar un desahucio. Pero la sentencia prueba que la dirigente de Unidas Podemos, Isa Serra, cometió un delito de atentado contra agentes de la Policía, dos de los cuales resultaron lesionados. Por su boca salieron todo tipo de insultos hacia los policías, muchas de ellas mujeres, huérfanas de la defensa feminista. Como acostumbra cuando no le gusta la sentencia, el vicepresidente tardó poco en cargar contra el tribunal, en una evidente falta de respeto hacia el Poder Judicial. Al cándido Iglesias le invadía una “sensación de injusticia”. El Consejo General del Poder Judicial se lo ha reprochado con un profundo malestar porque Iglesias “no solo cuestiona una actuación judicial, sino que también propaga una sospecha de falta de imparcialidad de los jueces españoles”. ¿Acaso alguien cree que al vicepresidente le importa mucho lo que le diga el máximo órgano de Gobierno de los jueces?

Cuando hemos rebasado ya los 40 días de confinamiento, el aislamiento casero impuesto por el Gobierno ha servido para adormecer aún más a una sociedad que ve como la laminan poco a poco. Saldremos más pobres e igualados por abajo, no por arriba, cumpliendo los deseos del que realmente maneja la situación. Dependen de él. Y mientras van horadando las bases de nuestro sistema, el pueblo calla y la esperanza se le agota. Por eso, en estos días de conmemoraciones atípicas, conviene recordar los versos de Luis López Álvarez con la música del Nuevo Mester de Juglaría. “Cuanto más vieja la yesca y más duro el pedernal, si los pinares ardieron aún nos queda el encinar”.


 



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