NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Como las letras en los libros

24/04/2020

Ayer se llenaron las redes sociales de mensajes de felicitación por el Día del Libro. Esta vez las calles no pudieron acoger toda esa alegría, pero las casas y algunos balcones se llenaron de homenajes a los escritores, escritoras, libros, frases, palabras, ideas, pensamientos. Homenaje a mundos finitos e infinitos. Se enorgullece uno de ver cómo la cultura puede unir a la gente. Da igual que seas de novela, de poesía, de ficción, de no ficción, de fantasía o de historia. Da igual, todos los libros sirven para crecer. Todos tienen el mismo objetivo.
Ese sentimiento estaría muy bien si un día antes no hubiéramos tenido que contemplar con desagrado cómo se tiraban los trastos a la cabeza nuestros políticos en el Congreso de los Diputados. Abochorna ver cómo en una situación como la que estamos viviendo los partidos políticos no son capaces de aparcar sus diferencias ideológicas para buscar el bien común. Unos tratan de salvar su gestión a pesar de los errores. Otros no hacen más que o poner palos en las ruedas o sacar tajada a esos errores.
Ayer coincidieron todos en felicitar a los lectores, a los escritores, a los amantes y creadores de las letras. Un día antes coincidieron en embarrar la escena política y, por extensión ensombrecer el ánimo de los ciudadanos.
En los libros una ‘a’ es una ‘a’. Y una ‘b’ es una ‘b’. Y la ‘c’, la ‘d’, y así hasta la ‘z’. Son solo letras. ¿Solo? Solo no. Si solo fueran letras no sería de las primeras cosas nos enseñan de pequeños. Porque nunca están solas. No trabajan sueltas. Porque saben que juntas pueden conseguir cosas maravillosas, como permitirnos viajar en el espacio y en el tiempo sin movernos del sillón. Vivir aventuras, resolver misterios, conocer otros mundos o redescubrir la Historia. Algo de lo más necesario en estos días de confinamiento sin fecha de caducidad.
Pero eso es algo que no nos enseñan. Lo de que juntos se consiguen más cosas, digo. Eso se aprende. Te lo pueden decir, pero hasta que no lo compruebas no lo incorporas a la mochila. Y parece que a algunos les cuesta meter esa lección. La mochila de algunos está demasiado llena de ego y arrogancia. El miércoles el Congreso se mostró con más ganas de dividir que nunca. Quizá en una situación normal, con un curso político digamos normal, aún sabiendo que los últimos años no han sido precisamente normales en la política española, podríamos haber entendido ese tono, e incluso la crítica destructiva. Pero en un parlamento que debería estar atendiendo como prioridad la lucha contra el coronavirus, nos encontramos unos grupos políticos que prefieren ver cómo cae el de enfrente. Uno desearía que los partidos políticos, como las letras en los libros, se juntaran para trabajar con un mismo objetivo, sacarnos de ésta. Pero ahí está el fallo, que no tienen el mismo objetivo. Al final conseguirán que los ciudadanos no quieran leer sus historias



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