LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Los comuneros y la Fashionaria

22/04/2021

Mañana se cumplirán quinientos años de la revuelta comunera, la primera revolución moderna según Marx. Al tiempo, Irene Montero va a Cibeles con Letizia, usa su mismo estilo y se calza un zapato de los que llamaba Quevedo tumba de filisteos. Un twittero dice con gracia que la feministra es la Fashionaria rediviva. El hilo de las revoluciones teje la Historia entera, solo que a unos le alcanza la horca y a otros, la vestimenta y el chalete. Para colmo, Montero se traga un diccionario y habla en bable calagurritano. De Bravo, Padilla y Maldonade a Irene Montero, Montera, Montere. Parece una declinación latina, pero son las nuevas reglas gramaticales de Fashionaria Moliner.
Dijo Elliott el otro día en el acto de las Cortes que los comuneros toman su nombre del bien común que creían defender frente a la nobleza flamenca que desembarcó en España con Carlos V. Pagaron su vida con ello en una página de la Historia que ofrece múltiples lecturas, a cada cual más fascinante. Irene Montero ya se ha hecho rica a cuenta de la revolución y sale en la portada de las mejores revistas. Esa es la diferencia de unos y otros. Mientras la revuelta en unos casos son para mejora del pueblo, en otros son para mejora de quienes la promueven. Dijo Page el otro día que María Pacheco hubiera estado en defensa del Tajo. Irene Montero, si pudiese, lo habría llevado a Galapagar.
Lo que más me encandila de la nueva oligarquía es el descaro con que se pasea del puente a la alameda. La flor de la canela palidece ante la fina estampa de Fashionaria. Los discursos de campaña son memorables, pero el de las ‘hijas, hijos e hijes’ lo guardaré como una final de la Copa de la Europa. No solo se atreven a pasarse por el arco del triunfo – el arco del Macho Alfa- los frutos de su ignorancia, sino que retuercen, cambian y funden una nueva gramática. Antonio Nebrija debe estar rodando por el suelo muerto de risa.
La feministra de Igualdad se reivindica cada día, en eso sí ha sido lista. Cambia la gramática y la estrangula, distorsionando el género y la concordancia. No es que no pueda decirse ‘todos, todas, todes’... Es que no tiene sentido decir «mi hija está ocupado». Porque se deslavaza la concordancia y podría dar lugar a frases completamente ininteligibles. «Mis hijo estuvo ocupada». Claro, así hablaba Michael Robinson, pero no era ministra de Igualdad. Uno puede cargar el sema feminista en el léxico, pero no en la gramática, que es aséptica. Al final, van a ser Brava, Padillo y Maldonade.
Más discreta y fiera fue María Pacheco, aunque tuviera que salir sola por las murallas de Toledo la noche de San Blas. En esto, Ireno Montere también tiene su mérito, para qué quitárselo. Sola y borracha, llega todas las noches a casa. Y luce taconazos como Letizia, que con el tiempo aprenderá a domarlos, entre otras cosas, para que se le puedan ver los tobillos. De todas formas, las revoluciones ya no son lo que eran. Desde que Valle dijo lo de la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol, nada  ha vuelto a ser lo que fue. Lo más que se levantó fue una acampada de la que ha salido una gabardina, Fashionaria y una gramática parda. Mañana los comuneros celebrarán la revuelta sofocada y el aire de libertad que impregnó el tiempo para surcar los siglos. Quinientos años después, quién lo diría, pasean de nuevo Juana la Loca y Felipe el Hermoso. La una está recluida en el ministerio y su gramática; el otro cabalga contradicciones, lo que le dejen y su propia verborrea.