TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


El Carrillo del ayer y el de hoy

11/01/2021

El testamento de Pedro Carrillo de Huete, Señor de Priego y Halconero mayor de Juan II, fue otorgado en la villa de Cañaveras el 19 de marzo de 1446. Se inicia con una serie de extensas consideraciones sobre la miseria de la presente vida y lo importante que debe ser para todo cristiano estar bien preparado para cuando llegue el incierto momento de la muerte: «la presente vida es muerte llena de miseria, no tenemos lugar ni morada perpetua, es temporal, triste y vana, y caduca, mientras pensamos tener paz y seguridad llega la muerte sin avisar». Reuniendo honores humanos dice, casi declama: «Yo, Pedro Carrillo, halconero mayor del rey don Juan de Castilla, conociendo gravemente en esta vida haber pecado contra Nuestro Señor y contra sus mandamientos». Apela a la inmensa misericordia de Dios de la que espera y teme su justicia, y nos dice que «la vida del hombre sabio y entendido es pensamiento de la muerte, y quiere proveer a la salud de su anima». No hace falta insistir en la enorme carga ideológica que encierra este fragmento, que sin duda viene a ser un clarísimo exponente de que la mentalidad medieval tendía a dar más importancia a lo divino que a lo humano, y a la otra vida frente a la presente, que es valle de lágrimas. Después, Pedro Carrillo expresa su voluntad de ser enterrado en el coro del monasterio de San Francisco de Huete, mandando además que en su sepultura no se entierre a nadie más que a él, en lo que sería un pecado de soberbia. Siguen luego otras disposiciones y mandas religiosas: «mando que el día de mi sepultura den de comer a todos los pobres que fueren hallados en la mi villa de Priego, y den de vestir a doce pobres», y que se digan mil misas rezadas por su anima y la de su padre y su madre, y mucho más. 
Cuando se acaba el año son muchos los que hacen examen de conciencia, como posiblemente hace Pedro Carrillo. Pedro quiere lo mejor para los suyos, y quiere ser bien recordado, apaciguar su conciencia, y se acuerda de los menesterosos a lo que no prestaría mucha atención en su ajetreada vida. Este noble y otros de la época vivían como algo natural la vida y la muerte, y no creo que sufrieran mucho al infligir a sus súbditos castigos severos, algo que era connatural en esta época, como lo ha sido y es en la nuestra infringir castigos terribles por omisión de nuestras conductas a otros, trata de mujeres, prostitución, abuso de poder, o no votar en conciencia y permitir que se arruine la vida de muchas familias. Se muere y se sufre mucho, aunque no se vea, p.e. por las malas praxis que por el Covid se han hecho, y no han sido los sanitarios. No me extenderé, que la ETA ha causado más muerte y dolor que periodos más largos vividos en tiempos de inquisición. Yo, aunque crea que Pedro Carrillo fue muy canalla, no fue mucho peor que otros Pedros de hoy, y al menos al final de su vida fue capaz de demostrar arrepentimiento. Y algunos, ahora que se acaba el año aún están a tiempo de demostrarlo, de quitarse esa venda que se han puesto en los ojos, y de pensar no sólo en su bien sino en el del pueblo que dicen representar, que no creo que si cambien de actitud tengan que pedir limosna. Pero no tengo mucha esperanza en el presente, ahora que parece que lo único que importa es salir victorioso de los debates y aumentar la cota de poder en España. ¡Vamos! que nada nuevo bajo el sol.